Así que aquello era una aldea humana. En un primer momento parecía apacible. No se parecía en absoluto a los lugares de donde provenían ellas, aunque tampoco parecía tan diferente y monstruoso como lo habrían podido llegar a imaginar. A Bach le sorprendió muchísimo que el ganado estuviera cercado, que lo retuvieran allí a la fuerza. A Gaggash le sorprendió aún más que aquello estuviera vivo. ?Qué interesante manera de cazar! ?Una trampa gigante!
Antes de que la orca decapitara a alguna ternera inocente, Bach propuso dar un rodeo a aquel lugar. Todo parecía en calma, y cada parcela de pasto era igual a la anterior.
—?Vamos a entrar allí o no? —preguntó por fin la orca con voz de hastío se?alando el núcleo urbano que habían estado rodeando todo el tiempo. Si bien era cierto que formar parte de ese curioso equipo le parecía interesante, no era menos cierto que las largas pausas la aburrían. —Huele a asado. Me gusta el asado.
—?Por todos los dioses, vosotros dos sólo pensáis en comer! —saltó Bach sin siquiera darse la vuelta para mirarla.
Las miradas de Gaggash y Elur se encontraron en su resignación.
—Por lo menos podrías decirme a qué estamos esperando —la orca trataba de sonar paciente —?a que salgan de la choza?
—Eso no es una choza, es una edificación humana. Una posada. Po—sa—da. ?No había libros en tu poblado?
Gaggash respiró hondo, y antes de que contara hasta tres Elur se había situado su bajo su mano. La orca le rozaba el suave lomo. Se tranquilizó. Parecía que el huargo comprendía lo sencillo que resulta matar cuando uno tiene hambre.
—Ya salen —dijo Bach. —Vamos.
—?A dónde? —contestó la orca —?adónde vayan ellos? ?para qué? ?matarlos? ?robarles? ?es una venganza?
—No.
—Pero son tu objetivo, ?no?
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La elfa asintió levemente con la cabeza. Era cierto, eran su objetivo. Podría haberlo sido cualquier otra cosa. Humanos. Esos seres de los que tanto se hablaba. Los consideraba sobrevalorados. No obstante, eran con mucho quienes habitaban las mayores regiones del mundo, y seguían prosperando. Y este par de hombres podría ser un exponente tan válido como otro cualquiera.
—Entiendo —dijo Gaggash con voz firme.
—?Cómo? —el tono de la elfa sonó entre ofendido y confuso —?entiendes? ?qué entiendes?
—Que tenemos un problema, peque?a.
Aquel adjetivo fue como una ráfaga de aire helado, y en ese repentino cambio de atmósfera Bach se tensó desubicada, Elur levantó las orejas y cerró la boca y la orca se rascó la barriga con indiferencia para disimular su sorpresa ante este giro; este momento en el que un cetro invisible de poder había pasado de una mano a otra, y en realidad sin quererlo.
—?Sabes? —a?adió la orca —yo tampoco tengo objetivos.
—Entonces...
—Entonces —la interrumpió Gaggash —supongo que me invitarás a irme —su mano comenzó a deslizarse previsoramente hacia la empu?adura de su hacha —o puede que...
Elur asestó un cabezazo a la orca recordándole su presencia. Bach callaba y seguía caminando.
—Está bien. Te interesan los humanos. A mí las elfas retraídas y los lobos —sonrió a Elur y éste meneó la cola —?vamos amigo! —y apostilló girándose hacia Bach —y te prometo bonito que esta noche cenaremos caliente.
?Peque?a? ?Peque?a? ?Quién se había creído esa orca para llamarla así? ?Si apenas tendría treinta a?os! ?No sabía nada de nada y osaba hablarle con condescendencia? ?Aquella primitiva? Si en eso consistían las relaciones sociales desde luego no le interesaban; y desde luego no entendía a Elur, ?qué estaba haciendo? Estaba siendo demasiado permisivo con ella ?qué motivos tendría? Siempre había confiado en su criterio; incluso antes de conocerlo ya sentía profundo respeto hacia la ancestral sabiduría de los huargos. Por un instante se le ocurrió pensar que quizá algo fuera mal con ella. Desechó la idea. Miró alrededor. Retomó la idea... podría ser. De pronto su manada se había ampliado. Bien, sólo sería algo temporal, no habría problema. No, lo había. ?Peque?a?. Eso era. Ahí estaba el problema. Un macho dominante había mordido al líder de la manada, por eso le dolía. ?Tendrían que batirse las dos en una lucha por el poder? ?qué poder? Eso era absurdo. Elur y ella se querían, y al parecer a él le agradaba la orca. Si había algo que le interesara poco en la vida a Bach era competir, y aún menos por un poder ilusorio que no conducía a ninguna parte. Ella era independiente y la orca también parecía serlo. Siendo así, no se crearían problemas la una a la otra. A pesar de todo lo que la bárbara se quejaba era obvio que no dependía de nadie. Como Elur. él también era —o podría ser— completamente autónomo, y si estaban juntos no era por necesidad, sino por decisión de los dos. Y funcionaba. Quizá pudieran ser tres. Al menos durante unos días.

