home

search

Capítulo 1: Umbral de la Luz

  Prólogo:

  Dentro del mundo de la magia y el poder divino, esta última resulta más enigmática y cargada de misterios. En ella, la religión de la Sagrada Luz expande sus creencias a través de un camino lleno de muertes, traiciones pactos y fe; su conocimiento se disemina como fuente de vida para poder sobrevivir.

  Varios caminos son elegidos al azar para cada persona, cada uno con sus ventajas y desventajas, y un final que nadie ha podido conocer. En este mundo, los dragones caídos y los vacíos han existido desde mucho antes de que la humanidad comenzara a escribir su historia, como fuerzas de la naturaleza misma. Junto a ellos, cultos oscuros buscan saciar la codicia humana, guiándose hacia un nuevo camino.

  Entre esta turbulencia de poder cambiante, una familia se ha mantenido desde la creación del culto de la Luz: la familia Dane, conocida no solo por sus riquezas y poderes, sino también por su influencia. Junto a ellos se encuentra el continente de Elindton, cuna de guerreros, y, arriba de este, el continente de los magos, donde se erige la ciudad de la magia.

  Entre estos continentes, tierras inexploradas ocultan secretos que aún no han sido revelados, resguardados por criaturas que rivalizan en poder con los grandes líderes y guerreros de este mundo. En cada continente, en cada ciudad, un representante es nombrado con el título más importante que se pueda otorgar. El país sagrado designa a una santa, Elington elige a un dios de la guerra y Dane reconoce a un caballero dragón.

  En este caos tranquilo que envuelve a la familia Dane, se encuentra una de las cinco familias que la componen: la primogénita de Lorcan y Arelia Dane. Al igual que toda su dinastía, su cabello inmaculadamente blanco atestigua su linaje, y junto a esta descripción, un talento colosal se manifiesta desde su ni?ez. En medio de este prometedor futuro, se instaura un nuevo líder en la familia, y como una cruel broma del destino, el linaje de Lorcan y Arelia es desplazado, convirtiéndose en la última de las cinco familias.

  Al igual que un animal que espera una oportunidad para atacar, Lorcan cría a su hija como un arma en medio de estas conspiraciones. Sin embargo, un ni?o inesperado llega a esta familia; a diferencia de su primogénita, un mechón negro en su cabello indica un futuro oscuro.

  **Capítulo 1:**

  Dentro de un cuarto blanco, un hombre con un abrigo de cuero negro y las manos ensangrentadas se encuentra en medio de ella. Su mirada refleja una profunda tristeza. Frente a él, una mujer con ropa sencilla lo observa; en su rostro se dibuja el deseo de consolarlo, abrazarlo y decirle que todo estará bien. Sin embargo, al dar su primer paso, unas manos heladas la atrapan en el suelo.

  En su interior, una creciente desesperación por estar junto a él emerge en su pecho, acompa?ada de un leve tirón en su mano que la arrastra hacia la inconsciencia. Al verlo por última vez, su mirada encapsula una melancolía que se traduce en una sonrisa que no logra iluminar su rostro, mientras las palabras de ese extra?o no alcanzan a llegar a sus oídos. En medio de esa inconsciencia, siente la caricia de una mano en su rostro que la saca de un mar de calma.

  Al abrir los ojos en una habitación digna de una princesa, la joven se sienta en su cama, mirando a su alrededor con la curiosidad de quién se despereza de un largo sue?o. Un ni?o de no más de seis a?os la observa con atención.

  —?Qué haces aquí, mi peque?o Víctor? —pregunta, sorprendida.

  —Jugar —responde él, con la inocencia que solo un ni?o puede desprender.

  Con una risa, ella responde entre bostezos:

  —Está bien, déjame cambiarme.

  Find this and other great novels on the author's preferred platform. Support original creators!

  El peque?o Víctor, con un salto y una risa, exclama:

  —?Rápido!

  Entre los juegos de Víctor y una tenue felicidad, una sirvienta se asoma por la misma puerta por la que entró el extra?o y, con pena, comienza a excusarse:

  —Mil disculpas, mi se?ora. Yo estaba con el ni?o y, en un segundo de descuido...

  Antes de que la sirvienta pueda continuar, el ni?o comienza a correr por toda la habitación, llenando el ambiente de una calidez que se refleja en el rostro de la joven en su cama. Ella interrumpe:

  —No se preocupe, estoy bien. Estoy en la casa de mi familia para disfrutar de la compa?ía de mi hermano.

  Riendo, se levanta de la cama y atrapa a su hermano entre sus brazos. La sirvienta agacha la cabeza y balbucea:

  —?Está bien que pase aquí, ya que su padre...?

  Rápidamente, ella responde:

  —Ellos entenderán que también merezco un descanso. Después de todo, lo que hago es... bueno, espero que lo entiendas...

  Con esa respuesta, la criada asiente rápidamente en se?al de entendimiento.

  —Entiendo, disculpe mi atrevimiento. Si desea, el peque?o estará en el patio esperándola —extiende la mano para tomarlo.

  Con una leve felicidad, ella asiente y le entrega al ni?o:

  —Está bien, saldré en un rato. Me alistaré, así que dígale al resto de los empleados que continúen con sus actividades.

  Con esa orden, la criada sale de la habitación junto al ni?o. Al cerrar la puerta, el rostro de la joven cambia de una marcada felicidad a un cansancio que cae sobre ella como un peso inaguantable. Avanza hacia la ventana, la abre y, con un profundo suspiro, permite que toda la luz que entra se lleve su melancolía.

  Pasados unos minutos, comienza a pasear por la habitación, admirando la decoración digna de una noble, pero que se siente tan alejada de lo que realmente desea: flores exóticas y maderas que no le pertenecen. Con esa mara?a de pensamientos en la mente, la risa de un ni?o la saca de su ensimismamiento. Regresando a la ventana, observa a su hermano jugando con la sirvienta y una determinación comienza a crecer en su interior: la determinación de no permitir que lo que vivió le suceda a él y de cuidarlo hasta el final de sus días.

  Tomando ropa sencilla que contrasta con su rostro, desciende al primer piso en busca de su hermano. Al encontrarse con algunos empleados en el camino, les pregunta:

  —Disculpen, ?saben dónde está mi hermano?

  Uno de ellos responde:

  —Nuestra compa?era nos dijo que su hermano la espera en el patio... pero también nos indicó nuestra jefa que le dijéramos que recuerde que sus padres los esperan para su cumplea?os dieciséis, mi se?ora.

  Al escuchar esas palabras, como si fueran espadas clavándose en su corazón por las ataduras de su linaje, su expresión cambia a un profundo desánimo que se hace evidente solo un instante y provoca que se salte un latido, antes de que vuelva a mostrar la actitud alegre que la caracteriza.

  —?Qué pasa, mi se?ora? —preguntan los sirvientes, intuyendo ese sutil cambio.

  Tomando un respiro, ella responde:

  —Nada, no pasa nada, chicos. ?Saben si se cumplió con lo que les pedí?

  Ellos asienten con la cabeza.

  —Sí, mi se?ora, será sencillo entre usted, su hermano y ellos.

  —Gracias, iré con mi hermano. ?Nos vemos!

  Agradeciendo, deja atrás sus preocupaciones, tanto como puede, y se dirige hacia el patio. Cada paso la aproxima a su hermano, que juega junto a una mariposa, y frente a él exclama:

  —?Cómo estás?

  El ni?o, alegrándose al verla, grita en respuesta:

  —?Bien!

  Tal vez por un impulso de su corazón, la mira y pregunta:

  —Estás muuuuuy feliz, ?es porque estoy aquí?

  Ella sonríe mientras su hermano, entre risas y un toque de pena, responde:

  —Sí... casi... no te veo.

  Dicho esto, un rastro de la pesadumbre que llevaba dentro se asoma, y ella consuela al peque?o acariciando su espalda:

  —Está bien, no me iré de aquí por un tiempo, mi peque?o Víctor.

  Como si comprendiera su pena, el ni?o la abraza con toda la ternura que un ni?o puede ofrecer:

  —Me duele un poco el pecho —expresa el ni?o entre el abrazo.

  Con preocupación, ella lo mira de pies a cabeza:

  —?Te pegaste?

  El ni?o niega con la cabeza, sacudiéndola.

  Dejándolo en el suelo, con una voz que intenta calmarlo, dice:

  —No te preocupes, estarás bien. Le diré a nuestra sanadora que te haga una revisión.

  En contraposición a lo que pudo haber pensado, la expresión del ni?o se torna en la de alguien que guarda un secreto. Dándose cuenta, ella indaga:

  —?Pasó algo más?

  Sin poder contenerse más, el ni?o responde:

  —Tuve un sue?o hoy.

  De rodillas, ella trata de averiguar más:

  —?Qué sucedió?

  El ni?o la mira con un dejo de miedo y dice:

  —Tuve un sue?o raro; una mujer me decía que todo estaría bien, con una mirada triste, pero no logré verla. Luego desperté con una sensación extra?a.

  Al escuchar esto, su mirada se pierde por un instante, y en ese momento los ojos tiernos del ni?o se mezclan con los ojos oscuros de un adulto que ha vivido y experimentado demasiado. Pero antes de poder reaccionar y procesar lo que siente, la felicidad del ni?o regresa y, tal vez para tranquilizarla, dice:

  —Otra vez esos sue?os... No te preocupes, solo fue un sue?o. Ahora todo está bien.

  Frotando sus manos en su rostro, siente cómo una multitud de deberes y obligaciones pasan por su mente, y sin nadie en quien confiar, se da cuenta de que, entre todas ellas, una se impone por encima de las demás: cuidar a su peque?o hermano.

  —Ahora vamos a jugar, ya que aún estoy aquí y no me iré a ningún lado.

  Con alegría y gritos, el ni?o comienza a correr mientras llama a su hermana:

  —?Vamos! ?Emma! ??Rápido!!

  Viéndolo correr, la felicidad la inunda. Su única luz entre un sinfín de sombras deja escapar un susurro:

  —Vale la pena protegerlo.

Recommended Popular Novels