home

search

Siete días de aliento

  ***Perspectiva de Víctor***

  Dentro de este cuarto frío, el viento trae el aroma a madera quemada y los sonidos de personas reconstruyendo la manta; con ese leve calor, me mantengo concentrado. Según Daina, si no hubiera ayudado a alejar ese vacío, los da?os al pueblo y las muertes de las personas habrían sido mayores. Acostado, apenas consciente, los ojos de Nehari me preguntan sin que se pronuncien: ?cómo lo sabía? ?Por qué no dije nada?

  La voz distorsionada de Nehari interrumpe la mara?a de preguntas que me sofocan.

  — Mocoso, y esa voluntad con la que me invocaste, ?dónde está? —pregunta el rey del viento, mirando con un asco apenas disimulado.

  — Te dije que sería peligroso si la forzabas a usar su mana más de lo que debía, y ahora más que nunca —ignoro la pregunta.

  — A diferencia de ti, tengo beneficios tangibles al momento de hacer un trato conmigo... algo que vale una vida —se burla.

  — ?Está todo listo?

  — No te tomes tanta confianza conmigo o te...

  — Solo responde —replico, exasperado.

  — Más vale que demuestres lo que vales, o desearás que tu alma escape de mi vista cuando mueras.

  Con un parpadeo, los ojos y la voz distorsionada comienzan a disolverse del cuerpo de Nehari, recuperando su semblante habitual.

  — ?Estás bien, se?orita Nehari? —cuestiono.

  — Supongo que sí, es solo que... no me acostumbro.

  — Según dicen, nunca se acostumbra. Si logras hacer un contrato con un rey elemental, la voluntad de este inunda su cuerpo... No importa cuál sea, no logra acomodarse.

  — ?Cómo sabes eso?

  — Conocí a alguien como tú cuando vivía en mi... hogar. Una mujer fastidiosa y melancólica. Ja. —Una risa amarga escapa de mis labios mientras miro al techo por unos segundos.

  — ...

  — ?Está empeorando?

  — ?Sobre qué? —pregunta Nehari.

  — Los heridos no sanan y algunos no despiertan. Incluso los que se ven mejor, su mana está fluctuando de manera... extra?a.

  — Debes decirme lo que sepas —ordena Nehari, con unos ojos que pasan de la sorpresa a la molestia.

  — Primero, ?me podrías comunicar con Daina?

  — No, es más fácil hablar conmigo.

  — Le pido disculpas, pero ella es mi líder y necesito hablar con ella.

  — Supongo que entre ustedes y esa cosa... tomará un tiempo. Ten paciencia.

  Con un asentimiento, Nehari se dirige a la puerta, cada paso un chirrido que rompe el silencio.

  — ?Por qué? —una duda que no puedo guardar.

  — ?Qué cosa?

  — Dejar que él pueda usar tu cuerpo.

  — Pude hacer un contrato con un espíritu del viento. Ahora es algo que yo, y tal vez mi pueblo, necesitemos.

  Sin decir más, Nehari sale de la habitación, dejando sus palabras resonando en mi mente. El silencio dejó la palabra "yo" rondando en mi cabeza. Al ver el techo, perdí la noción del tiempo; no sé cuánto pasó, pero los pasos de una persona me regresaron a la realidad. Los ojos de Daina aparecieron por la abertura.

  — ?Podrás ponerte de pie? —indaga con un tono más serio de lo que nunca la había escuchado.

  — Creo que sí —respondo, sorprendido por esa pregunta.

  — Aún están dispuestos a formar una alianza, pero...

  — ?Crees que están condenados? —agrego, sabiendo lo que quiere decir.

  — No me informaron sobre esto cuando acepté... No, mi se?or, no es así. Creo que ni ellos sabían que esto estaba sucediendo exactamente. Su desesperación por el invierno los hizo aceptar esto.

  — ?A qué te refieres? —pregunto.

  — La situación es más grave de lo que sabes. —Daina da un suspiro, dejando caer un peso que apenas sostenía.

  — ... Los dragones y los vacíos.

  — Más que eso. Cuando llegue, nuestra principal fuente de ingresos bajará, y cuando eso pase, los dragones y los vacíos serán un problema más grande de lo que son ahora.

  — ?Y qué debemos hacer?

  — He visto cómo te mira Emma. Si no te llevo en una pieza, ella me matará. Ja. No te preocupes, ni?o, ni por tu seguridad ni la de Kanea. —Fuerza una sonrisa que no llega a su rostro.

  — ?Estás pensando en salir de aquí dejándolos a su suerte?

  — ??Qué?!

  Una voz asustada habla detrás de nosotros.

  — Kanea —saludo.

  — Ustedes quieren...

  — Son muy ni?os para entender, pero cuando algo como lo de hace días llega, es una se?al de que no podemos hacer nada.

  — Pero... —Kanea se interrumpe a sí misma, mordiendo sus labios—. Lo entiendo... me disculpo, Daina. —Agacha su mirada.

  — No te...

  — No creo que esa sea la decisión adecuada —interrumpo.

  — ?A qué te refieres?

  — Estamos condenados, aunque logremos llegar con vida a Guardian.

  — ?Por qué? —pregunta Kanea.

  — Esa cosa no vino a matar a todos por un instinto primario —dejo que esas palabras se asienten—.

  — ?Qué? —Daina pregunta, con incredulidad en su rostro.

  — No sabría explicarlo con claridad. Lo único que sé es que, cuando se llega a un punto donde esa marca —se?alo a Kanea—, no se tiene mucho tiempo para buscar una solución... pero algunas personas son diferentes.

  — Necesito más que eso —exige Daina.

  — Solo necesitas escuchar. Lograron idear una manera de atrapar a un vacío, pero...

  — Pero —repite Daina, con asombro—.

  — Necesitaré toda la ayuda posible.

  — Ufff —suspira Daina, incrédula.

  — Yo confío en él —afirma Kanea con convicción—. Si él cree que es posible, yo... yo lo ayudaré. Su voz, a pesar del miedo que denotan sus ojos, tiene firmeza.

  Mirándola con agradecimiento mientras esas palabras se clavan como agujas en mi piel, continúo:

  This tale has been unlawfully lifted from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere.

  — También necesitaremos al pueblo y su conocimiento del territorio para usarlo a nuestro favor. Y una cosa más.

  — ??Más?!

  — La chamana. Necesito que ella acepte bendecir cada arma que podamos reunir y hacer.

  — Uff, jajaja, qué buen chiste —se burla Daina—. Ellos no pueden bendecir, ni siquiera aceptan otras religiones.

  — Creo que conocemos a alguien que no es así. Además, yo estuve ahí. Esa chamana sí es una santa que puede usar poder divino —agrega Kanea, mientras su voz gana más confianza.

  — Una vez ya fue un milagro. ?Crees que dos veces...? Sería una violación a sus votos, ni siquiera Emma...

  — Yo puedo hablar con ella —propone Kanea.

  — Y el resto del pueblo. Supongo que sabes que no le harán caso a un ni?o, especialmente si no conocen el peso de ese apellido.

  — Creo que ya tienes una idea de lo que estoy pensando.

  — Ufff, creo que pareces un perro viejo en vez de un ni?o con miedo por la situación actual.

  — Supongo —agrego con una voz más débil de lo que esperaba.

  — Kanea, te lo dejo. Conversen. Vendré en un rato y me dirás qué sabes sobre eso. Esos tipos estarán esperanzados si les propongo eso —habla con indiferencia Daina, regresando a la puerta y perdiéndose en la luz del día.

  — Víctor, ?de verdad crees que...? —murmura Kanea, perdiendo la confianza que mostró hace un momento.

  Al ver los hombros de Kanea, un peso que antes no estaba allí se hace presente. Tal vez es la situación, lo que vi mientras estaba inconsciente. Pero no puedo evitar pensar: ?yo tuve esa expresión cuando vivía ahí? Y tal vez para mí respondo:

  — Cada segundo cuenta, Kanea. Confío en ti.

  Con un asentimiento, Kanea me abraza sin ningún aviso. Con las manos arriba, ya sin fuerzas, las dejo caer sobre su espalda. Ella, a pesar de lo que expresa, es solo una ni?a en una situación que la sobrepasa.

  — Kanea... ?te podría pedir un favor? —pregunto mientras acaricio su cabeza.

  — Disculpa, yo solo... —Kanea susurra, mientras toma distancia.

  — Está bien.

  Soltando un suspiro, Kanea comienza a respirar para tranquilizarse.

  — ?Qué necesitas? —cuestiona con un tono más calmado.

  — Necesitaré hablar con Falu cuando la se?orita Daina hable con los líderes y el pueblo.

  — No te preocupes, hablaré con él cuando me tope con él.

  — Gracias, Kanea.

  Poniéndose de pie, Kanea se despide para seguir ayudando con los heridos de hace dos días. Cada paso que se aleja deja un eco sordo detrás, hasta que el silencio se convierte en mi única compa?ía.

  En la soledad de la noche, la voz de un hombre arrodillado en el suelo aparece en mis pensamientos: "Sabes, Víctor... ya estoy cansado. A veces creo que la voluntad por sí sola no es suficiente". Cada palabra recordada me lleva a cerrar los ojos.

  En la ma?ana siguiente...

  Poniéndome de pie, un dolor que recorre todo mi cuerpo como un shock hace que suelte un suspiro. El rostro de Tovael, más allá de la palidez por lo que está pasando, refleja... preocupación.

  — ?Estás listo, ni?o? —cuestiona Tovael.

  — Sí... vamos.

  Cruzando por las calles que hace tan solo unos días estaban llenas de bulla, ahora solo quedan ruinas y personas golpeadas por las pérdidas.

  — Vamos, la reunión es en el mismo lugar.

  La voz de Tovael me saca de mis pensamientos; al dar un paso, un dolor punzante recorre mi pierna, sacudiendo mi cabeza. Continuamos nuestro camino, llegando a la sala principal. El rostro de Nehari, un poco más pálido, me regresa la mirada.

  — ?Estás seguro de lo que estás diciendo? —la voz firme de Zael habla detrás de ella, con su rostro aún más pálido y claramente más débil que los demás.

  — Sí.

  — ?Apostarías tu vida en esas palabras? —pregunta Tovael, colocándose al lado de Nehari.

  — Yo apostaría mi vida en ellas —respondo con firmeza.

  — Y supongo que, como su líder, debo acompa?arlo... —la voz de Daina aparece con ese tono tan relajado como siempre, detrás de mí.

  Mirándola con un asentimiento, ella se pone a mi lado.

  — Pero solo tengo una condición: yo seré la responsable. No creo que un ni?o pueda manejar el conflicto con un pueblo así de herido en caso de que no logremos hacerlo a tiempo.

  — En todo caso, dijiste que necesitábamos al vacío para obtener una cura. ?Qué parte estaríamos buscando? —indaga Zael, poniéndose de pie.

  Soltando un suspiro, lo miro a los ojos y respondo:

  — Su núcleo.

  — Jajajaja...

  Una risa estridente interrumpe la tensión; vuelvo mi rostro hacia Tovael, que resalta como origen de la risa.

  — ?Entiendes lo que están proponiendo? No solo estás buscando ayuda en una misión suicida, están buscando matar a un vacío teniendo cuidado de no tocar su núcleo.

  — Soy muy consciente de eso —explico.

  — ?Entiendes lo que nos costó solo alejarlo...? Esa cosa mató a un dragón —agrega Nehari, tocando el hombro de Tovael.

  "La voluntad no basta", esas palabras aparecen en mi mente, pero una mano en mi hombro me llama la atención.

  — No estás solo, ni?o —consuela Daina.

  Pero tal vez la confianza cambie algo, y continuo:

  — ...Sí, es lo que estoy diciendo —hablo, mirando a Tovael.

  — ?Y qué te hace pensar que podrías lograrlo? —pregunta Tovael, con una impaciencia apenas contenida.

  — La ayuda de su chamana y de todos los que puedan ayudar podría ser posible... Yo lo he visto, se puede lograr —ja—. Una risa seca, proveniente de Zael, deja a todos en silencio y continúa—.

  Esta vez será como padre... Responde, ?crees que ese núcleo podrá salvar a todos los que estamos aquí?

  — Sí, Kanea es una alquimista y, con la ayuda de su hijo, será posible.

  — ?A qué te refieres? ?Por qué mi hijo?

  — él tiene un potencial increíble... está en una situación parecida a la mía. Lo vi el primer día que llegué y aún no es consciente.

  Con esas palabras, los ojos de Zael, que tenían una mirada tan seria, por un instante, la sorpresa cruzó su rostro y dejó a todos en silencio. Apretando el pu?o, trato de mantenerme de pie con las pocas fuerzas que aún tengo.

  — Yo no creo —trata de disipar la tensión Daina.

  — ?Cuánto tiempo tenemos? —interrumpe Zael, frunciendo el ce?o, caminando hacia mí.

  — El pueblo, tal vez una semana, pero los que lucharon contra el vacío, tal vez unos cuantos días más —respondo, manteniendo su mirada.

Recommended Popular Novels