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Cacería en la lluvia 1

  ***Perspectiva de Víctor***

  Sentado en la copa del árbol, la sensación de la lluvia cayendo sobre la tela es extra?a. El viento, que debería empujarme, se ha disminuido drásticamente, y el hechizo que me envuelve resulta realmente efectivo.

  —?Víctor! —grita una voz desde abajo.

  Agachando la cabeza, veo a Falu agitando la mano, intentando llamar mi atención. Salto desde la copa; la sensación de caída se torna más controlable. No tanto para cualquiera, pero sí lo suficiente para mí, que tengo más experiencia que la mayoría de mi edad. Utilizando algunas ramas, aterrizo suavemente. Al llegar al suelo, miro a Falu.

  —?Pasó algo? —pregunto.

  —No... es solo que...

  —?Qué hacías allá arriba? —interrumpe Zael, quien aparece detrás de Falu.

  —Yo... eh, estaba probando el hechizo. Necesito acostumbrarme a esto antes del combate —le explico.

  —Supongo que está bien... cuf, cuf —tose Zael.

  —?Estás bien? —pregunta Falu, visiblemente preocupado.

  —Estoy bien... Víctor, la trampa está lista. ?Necesitas algo más? —informa Zael.

  —Disculpa, se?or Zael, pero... —digo, dejando escapar algo de preocupación en mi voz—. Sé qué tipo de enfermedad es... Si tú vas, yo no...

  —Cuf, cuf. Somos los líderes de este pueblo... quiero proteger a mi gente, a mi familia —responde, cubriéndose la boca con la mano—. Es el deseo de su madre.

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  Al ver esa determinación, la figura de una mujer de cabello corto se superpone a la imagen de Zael, y una melancolía se retuerce en mi pecho; los ojos de Falu se llenan de inquietud por un instante.

  —Si eso es todo, deben ir a su posición. Nosotros estaremos esperando cuando lleguen; ustedes deben bajar con esa cosa.

  —De acuerdo, padre —afirma Falu, y el susurro de Zael resuena—. No te arriesgues demasiado, hijo.

  Con un ligero asentimiento, Zael se aleja, mostrando un temblor casi imperceptible en su brazo, hasta que su figura se pierde bajo la lluvia que continúa cayendo.

  Miro a Falu; sus ojos, llenos de emociones contradictorias, se transforman en una determinación poco acorde a su edad en cuestión de segundos. Volteando a verme, dice:

  —Yo también tengo miedo.

  Con algo de confusión en mi rostro, un peque?o vistazo a su derecha llama mi atención. Mis ojos siguen el movimiento hasta mi propia mano, que tiembla ligeramente. Aprieto el pu?o y respiro profundamente.

  —Vamos —le pido a Falu.

  Sin intercambiar más palabras, subimos esa peque?a loma en dirección opuesta a la de Zael. Con cada paso, el sonido de la lluvia se intensifica; la humedad y el frío crecen junto a ella. Tras pasar algunos árboles, el grupo nos espera.

  —?Estás listo? —pregunta Daina, mirándonos a los dos.

  —Sí —responde Falu, adelantándose.

  Asintiendo en confirmación, Daina hace una se?al con la mano y todos se dispersan sin vacilar, dejándonos a nosotros y a ella en un incómodo silencio. Soltando un suspiro, Daina me mira.

  —Repíteme por qué no es uno de los nuestros ni de ellos quien sostiene esa cosa —pide.

  —Cada uno de ellos está infectado con eso. Si esta es una apuesta, cualquier cosa podría salir mal y arruinar el plan. Además...

  —Además, nosotros estaremos detrás de ustedes —completa Daina, mirando al cielo por un momento—. Cuando uses eso, nosotros estaremos atentos.

  Tocando nuestras cabezas, se despide con un saludo, dejándonos solos. El ruido de la lluvia se intensifica aún más, como si intentara ahogar nuestros miedos. Observando a Falu, encuentro unos ojos llenos de determinación que me devuelven la mirada mientras suelto el aire acumulado.

  —Ya es hora —susurro.

  Tomando una gran bocanada de aire, agarro el cráneo y lo acerco a mi boca. El ruido de un trueno marca la se?al para soltar el rugido.

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