La sala de entrenamiento al aire libre del gremio estaba ba?ada por una luz tibia. El viento recorría el espacio abierto, levantando un leve polvo que danzaba entre los pilares de madera y las armas colgadas en las paredes. Tras el duelo con Indora, Yui todavía sentía el pulso acelerado, pero también una calma extra?a, como si su cuerpo hubiera aceptado la idea de sostener una espada.
Soren dio unos pasos al frente y se cruzó de brazos, observándola con una mezcla de severidad y orgullo.
—Bien —dijo—. Ahora vamos a lo que de verdad te servirá si quieres convertir esa espada en una extensión de tu magia. Fusión elemental.
Yui enderezó la espalda al escuchar el tono serio del jefe de gremio.
—La mayoría de los aventureros —continuó— puede blandir un arma, y muchos pueden usar magia. Pero muy pocos logran unir ambas cosas sin destruir una de ellas en el proceso. El problema es simple: el aura elemental es demasiado inestable. Si la canalizas sobre un arma común, esta se agrieta, se deforma o directamente explota. Por eso existen armas elementales o armas preparadas para recibir aura.
Levantó la mano y, en un gesto fluido, hizo aparecer su enorme mazo desde su inventario. El arma cayó en su palma con un peso sordo, como si siempre hubiera estado ahí.
Los ojos de Yui se abrieron de par en par.
— ?De dónde salió eso?
Soren levantó una ceja.
— ?En serio? —sonrió—. Ya pasaste por el gremio, Yui. El inventario personal es básico para cualquier aventurero. Aunque… —alzó el mazo— solo se puede hacer con un arma principal. Los objetos comunes van en bolsas dimensionales, pero esto —dio un peque?o golpe con el mazo en el suelo— está ligado a mí.
Yui se llevó una mano al pecho, un poco avergonzada.
—Lo… lo sabía, pero lo había olvidado. Me dijeron algo así cuando me dieron la licencia.
—No te preocupes —intervino Indora desde un costado—. Cuando entras a este mundo hay demasiadas cosas nuevas como para recordarlas todas.
Soren apoyó el mazo frente a él.
—Ahora presta atención. Tú ya sabes crear esferas de viento, impulsos, incluso un escudo rudimentario. Lo que vamos a hacer es lo mismo… pero en vez de darle forma en el aire o en tu cuerpo, vas a transmitirlo al arma. Tu espada es elemental, así que hará gran parte del trabajo por ti. Solo tienes que guiar el flujo.
Cerró los ojos un instante y el aura comenzó a concentrarse a su alrededor. Una energía densa, pesada, como si la tierra misma respondiera a su presencia. Cuando abrió los ojos, una luz marrón oscura recorría el mazo desde el mango hasta la cabeza.
— ?Lo ves? —dijo—. Esto no es solo decoración. Al sincronizar mi aura con el arma, ajusto tres cosas: potencia, alcance y estabilidad. Puedo golpear más fuerte, más lejos y sin que mi energía se disperse.
Levantó el mazo por encima de su cabeza.
—Ahora, mira esto.
Soren descargó el golpe contra el suelo. No fue un simple impacto: la tierra se abrió en una grieta luminosa, y de ella emergió una gigantesca serpiente de roca, formada por bloques compactos que se retorcían con un rugido profundo. La criatura recorrió varios metros antes de desmoronarse en polvo.
Yui se quedó sin aliento.
—Eso… eso fue…
—Una habilidad amplificada por el arma —explicó—. Si intentara crear algo así solo con mi aura, necesitaría ser muchísimo más fuerte. Con el mazo, la tierra me obedece mejor.
Luego giró el arma frente a él y la apoyó en el suelo.
—Ahora un escudo.
La luz color marrón se expandió y la tierra frente a Soren se elevó, moldeándose en una barrera gruesa, con capas bien definidas, como placas superpuestas de piedra viva. No era una pared improvisada, sino una estructura sólida, casi perfecta.
—El que usé en el laberinto era funcional, pero tosco —admitió—. Esto es lo que se logra cuando el arma canaliza bien tu aura.
Deshizo el escudo y miró a Yui.
—Tu turno. Intenta combinar tu viento con tu espada.
Yui tragó saliva. Sujetó la espada corta que Ender le había dado. El peso todavía la sorprendía, pero ya no le resultaba extra?o. Cerró los ojos, como cuando invocaba sus espirales de viento, y buscó esa corriente invisible que siempre la rodeaba.
—Así como lo formas en tus manos —dijo Soren con voz baja—, pero deja que fluya hacia el filo.
Yui intentó concentrarse… pero de pronto frunció el ce?o.
—Oye… ?por qué siempre suenas como si estuvieras juzgándome? —murmuró—. Parece que nunca será suficiente para ti.
Indora soltó una carcajada abierta.
—Bienvenida al estilo Soren.
El jefe de gremio parpadeó, sorprendido, y luego dejó escapar una risa breve.
—Lo siento —dijo con honestidad—. Es una mala costumbre. Pero créeme, si no creyera que puedas hacerlo, no estaría aquí contigo.
Eso pareció tranquilizarla.
Yui respiró hondo. Sintió su aura recorrerle la espalda, los brazos, el pecho. Ligera y vibrante, empezó a moverse hacia la espada, una línea de luz verde pálida apareció en el filo.
—Eso es —dijo Indora, ahora en silencio, observando con atención.
La luz se intensificó, recorriendo la hoja como una vena viva. El aire a su alrededor comenzó a girar, formando peque?as corrientes que se adherían a la espada.
Yui abrió los ojos.
El filo de su arma brillaba con un tono esmeralda suave, estable, como si el viento hubiera encontrado un hogar en el metal.
—Lo… lo logré…
Soren asintió, serio pero satisfecho.
—Ese es el primer paso. Ahora empieza el verdadero entrenamiento.
—Escucha, Yui —dijo con voz firme—. Hasta ahora solo hiciste lo básico: cubrir la espada con tu aura para que corte mejor. Eso ya es algo que muchos dominan. Pero tú… tú puedes ir más lejos.
Ahora quiero que le des forma a lo que hagas.
Yui lo miró con atención.
—Cuando creas tus esferas de viento —continuó— no solo concentras energía, ?verdad? Les das una intención. Decides si van a empujar, perforar, explotar o envolver. Haz lo mismo con tu espada. Imagina el ataque. Visualiza cómo debe salir, cómo debe moverse, cómo debe impactar. La espada solo será el canal. La forma… esa la decides tú.
Indora asintió desde un costado.
—No pienses en “cortar”. Piensa en qué quieres que haga el viento cuando salga del filo.
Yui cerró los ojos.
Recordó la sensación de sus esferas, el giro suave del aire, la presión que se acumulaba en su interior antes de liberarse. Esa misma sensación comenzó a nacer ahora en la espada. El aura esmeralda que rodeaba el filo empezó a girar, primero despacio… luego con más fuerza.
Un remolino de viento envolvió la hoja.
No solo la cubría: parecía estirarla. El aire giratorio se alargaba hacia adelante, como si la espada hubiera ganado un filo invisible hecho de viento comprimido.
—Está… extendiendo el arma —murmuró Soren, sorprendido.
Indora sonrió con los ojos abiertos de par en par.
—Eso no es nada fácil de hacer a la primera, esta ni?a definitivamente es un prodigio
—Ataca uno de los mu?ecos —ordenó Indora.
Frente a Yui había varias figuras de madera marcadas por golpes antiguos. Ella dio un paso al frente, sujetó la empu?adura con firmeza y descargó un tajo horizontal, como si chocara contra otra espada.
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En el instante del impacto, el remolino se intensificó brutalmente.
Antes del choque el mu?eco pareció haber sido atraído a la espada de Yui y al impactar los remolinos intensificados no solo dio un corte limpio si no que mando a volar al mu?eco como si saliera expulsado en su choque
— ?Bien! —Exclamó Indora—. Pero no lo dejes morir ahí. Ahora hazlo a distancia.
Yui no rompió la concentración. El viento seguía girando alrededor de la espada como una tormenta contenida.
— ?Ves donde Soren hizo impactar su serpiente? —Continuó Indora—. Visualiza el mismo ataque… pero impactando allá.
Yui levantó lentamente la espada. Su aura aumentó. El aire a su alrededor comenzó a vibrar, levantando polvo, moviendo su cabello y su ropa como si una tormenta se estuviera formando solo para ella.
Imaginó el mismo remolino… pero viajando.
Imaginó el filo de viento desprendiéndose de la espada como una ola.
Con un movimiento seco y preciso, sacudió la hoja hacia adelante.
El aire estalló.
Un tornado comprimido salió disparado desde el filo, una descarga de energía con forma espiral que cruzó el patio en un parpadeo. El impacto fue brutal: el suelo se hundió, la tierra se desgarró y quedó un enorme cráter marcado por surcos circulares, como si una bestia de viento hubiera taladrado el lugar.
El estruendo resonó por todo el gremio.
Cuando el viento se disipó, el silencio fue casi inquietante.
Indora y Soren miraban el cráter con los ojos muy abiertos.
—Eso… —susurró Soren—…eso fue una técnica de alto nivel.
— ?Yui! —dijo Indora, entre impresionada y alarmada—. ?Eso fue increíble!
Pero Yui no bajó la espada.
—No… —dijo con el ce?o fruncido—. No había terminado.
Ambos la miraron.
—Sentí que el ataque quería seguir —explicó—. Como si el tornado fuera a expandirse aún más. Lo corté yo misma porque… porque pensé que iba a destruir la parte trasera del gremio.
Soren soltó una carcajada corta, incrédula.
—Eso significa que aún tenías energía para seguir alimentándolo.
Indora la observó con una mezcla de orgullo y preocupación.
—Con un arma adecuada, ese poder va a ser monstruoso. Tendrás que aprender a controlar las formas de liberación: ráfaga, onda, filo extendido, impacto giratorio… no es solo fuerza, es dise?o.
Yui asintió lentamente, todavía sintiendo el pulso del viento en sus manos.
—Lo practicaré —dijo con una sonrisa suave
Ninguno de los dos lo notó de inmediato.
Pero en la espada, justo cerca del filo, una peque?a grieta había aparecido. Tan fina que parecía un simple rasgu?o… pero era la prueba silenciosa de que Yui había empujado el arma más allá de lo que estaba preparada para soportar.
El viento aún soplaba débilmente en el patio cuando Soren dio un par de pasos hacia Yui, cruzándose de brazos con esa expresión seria que siempre parecía anunciar algo importante.
—Perfecto, Yui. Ahora solo queda algo sencillo —dijo—: tu práctica día a día.
No descuides eso. Una cosa es lograr una técnica una vez, y otra muy distinta es hacerla parte de tu cuerpo. Cuando controles cuánta aura usar, cómo fusionarla y cómo adaptarla a tu estilo… recién ahí tu espada y tú van a ser una sola cosa.
Yui asintió con solemnidad.
—Y lo repito porque es importante —a?adió—: practicar todos los días es lo que hará que tus habilidades crezcan hasta el punto de usarlas como si respirarás.
Luego su expresión cambió, volviéndose un poco más punzante.
—Ahora bien… hay algo que ya mencioné y que quiero recalcar.
Tu habilidad con esa esfera mal formada…
Yui hizo una peque?a mueca de frustración.
—…y ese escudo sin forma que se cae con una piedrita…
Yui literalmente se llevó una mano al pecho, como si le acabaran de clavar una daga emocional.
—Vamos a practicar eso ahora —concluyó Soren—. Ya entendiste cómo llevar tu aura a la espada, así que ahora haremos lo mismo con esas técnicas. ?Te parece?
Antes de que Yui pudiera responder, Indora se metió entre ellos.
— ?Alto ahí, maestro rompe-almas! —Dijo, se?alando a Soren—. Mira esa cara. La destruiste solo con comentarios.
Antes de seguir, nos refrescamos.
Soren abrió la boca para protestar, pero Indora ya estaba llamando:
— ?Kilia! ?Auxilio azucarado para la elfa traumada!
Desde una de las puertas laterales apareció Kilia, cargando un peque?o bolso de tela del que salía vapor frío. Lo abrió con cuidado y sacó refrescos bien helados y peque?os recipientes con algo cremoso y brillante por dentro.
—Traje bebidas y helado —dijo con una sonrisa—. Para el entrenamiento.
Los ojos de Yui se iluminaron.
— ?Kilia! —exclamó—. Me alegra verte.
Se sentaron un momento a un lado del patio, bajo una sombra agradable. Yui tomó su refresco con ambas manos, como si fuera un tesoro, y Kilia le pasó uno de los recipientes fríos.
— ?Te estás acostumbrando a Akron? —preguntó Kilia.
—Sí… es muy diferente de donde vengo y del pueblo de mi maestro—respondió Yui—, pero me gusta. Todos son… muy atentos.
Kilia rió suavemente.
—Eso es Akron. Caótica, ruidosa, pero cálida.
Yui la observó un momento.
—Me alegra que estés bien. En el laberinto parecías muy cansada.
—Lo estaba, esa habilidad también consumía mi aura —admitió Kilia—, pero ahora que pude descansar estoy excelente para continuar conviviendo con Akron
Yui sonrió de una forma suave y sincera.
—Eso es hermoso.
Kilia la miró de arriba abajo, notando su ropa, la tela elegante y los detalles delicados.
—Por cierto —dijo—, me encanta tu vestimenta. Es muy… tú. Elegante y resaltan lo preciosa que eres Yui.
Yui bajó la mirada bastante sonrojada, tocando la tela.
—Fue un obsequio de despedida de mi maestro, Aerion.
Hubo un sonido simultáneo y explosivo.
?PFFF!
Soren e Indora escupieron el agua que estaban bebiendo.
— ?A-Aerion? —dijo Indora, tosiendo—. ?Ese Aerion?
— ?El mago Aerion? —a?adió Soren, limpiándose la boca.
Yui los miró, mareada por el susto.
—S-sí… ?lo conocen?
Ambos se quedaron mirándola con incredulidad.
—No importa dónde pronuncies ese nombre —dijo Soren lentamente—. Es raro que alguien no lo conozca.
—Es una leyenda viva —agregó Indora—. Un monstruo de talento y experiencia.
Se miraron entre ellos, luego volvieron a ver a Yui.
—Definitivamente —dijo Indora con una sonrisa torcida— estás llena de sorpresas, peque?a elfa.
—Pero eso también significa algo —a?adió Soren—. Estás en muy buenas manos.
Yui parpadeó, todavía procesando todo, mientras sostenía su refresco y su helado, con el viento moviendo suavemente su cabello.
Yui se puso de pie otra vez en el centro del patio de entrenamiento.
Soren se colocó frente a ella, con los brazos cruzados y esa mirada atenta que no dejaba pasar ni el más mínimo detalle.
—De acuerdo, Yui. Continuemos donde nos quedamos. Ahora todo será un poco más sencillo.
?Recuerdas el ejercicio de pasar tu aura a la espada?
Yui asintió.
—Bien. Haz exactamente lo mismo… pero esta vez imagina que la estás pasando a una esfera frente a ti. No en tu mano. No en tu arma. Justo delante de tu cuerpo.
Imagínala. Dale forma. Y luego… comprímela.
Yui tragó saliva. Sintió un peque?o nudo en el pecho, esa mezcla entre nervios y expectación que siempre aparecía cuando intentaba algo nuevo.
Cerró los ojos.
El mundo se apagó.
El murmullo del viento, las voces de Indora y Soren, incluso el crujido lejano de la ciudad… todo se volvió distante, como si se hundiera bajo el agua. En esa oscuridad mental, Yui extendió su percepción hacia delante de ella.
Allí estaba.
Una presencia tenue, apenas un punto de luz suspendido en la nada.
—Imagina… —susurró para sí misma—. Solo imagina…
Ese punto comenzó a crecer. No de tama?o, sino de densidad. Su aura de viento fluía desde su interior, no como una corriente violenta, sino como miles de hilos sutiles que se reunían en un mismo lugar.
La esfera tomó forma.
No era perfecta. No era lisa. En su interior, el viento giraba como una tormenta atrapada, miles de ráfagas chocando unas contra otras, cruzándose, rompiéndose y volviendo a nacer. Pero por fuera… brillaba con una luz suave, casi hermosa, como una joya hecha de aire y energía.
Yui la “vio” con su mente.
Era preciosa.
—EXCELENTE —gritó Soren—. Ahora lánzala donde ya sabes.
Yui abrió los ojos de golpe.
La esfera flotaba frente a ella, visible incluso para los demás, vibrando con un zumbido agudo, como si el aire mismo estuviera a punto de romperse.
Apuntó al mu?eco de madera que habían usado antes.
Y lanzó.
La esfera salió disparada como una estrella comprimida. Durante una fracción de segundo pareció intacta… y luego, al impactar contra el mu?eco, se abrió.
No explotó de inmediato.
Primero se desató.
Las ráfagas contenidas en su interior estallaron hacia afuera, cortando el aire en todas direcciones, chocando una y otra vez contra el cuerpo de madera. Se oyeron golpes secos, como si decenas de cuchillas invisibles lo estuvieran golpeando al mismo tiempo.
El mu?eco fue desgarrado en capas.
Después vino el sonido.
Una explosión sónica retumbó en el patio, levantando polvo y hojas, sacudiendo las paredes cercanas. Cuando el viento se disipó, solo quedaban restos de madera astillada y marcas profundas en el suelo.
Yui bajó lentamente el brazo, respirando agitada.
Soren la miraba con una mezcla de asombro y satisfacción.
—…Eso —dijo al fin— fue una esfera de aura de verdad.
Indora soltó una risa baja.
—Ya no tiene nada de “mal formada”, ?eh?
Yui miró el lugar donde había estado el mu?eco, con los ojos aún brillando por el esfuerzo… y por la emoción de haberlo logrado.
—Bueno golpe de gracia, al parecer esta esfera es nueva y la creaste con gran concentración, podrás hacer las de siempre y ahora tendrán forma y serán más potentes- dijo Soren
Soren volvió a levantar la voz, esta vez con una sonrisa ladeada que mezclaba exigencia y orgullo.
—último ejercicio, Yui. El escudo.
Vamos… no quiero ver otro simple círculo de viento girando sin sentido. Dale forma. Imagínalo. Puede ser peque?o y muy concentrado, o grande y protector… como te resulte más cómodo. Pero deja de hacer que solo gire, ?sí?
Yui sintió su evolución, adrenalina, el corazón latiendo a millones en su pecho. Sentía el pulso de su propia aura, vivo, respondiendo a cada palabra.
Entonces habló, casi sin mirar a Soren ni a Indora.
— ?Sabes, Soren? Desde que empezamos este entrenamiento… tú e Indora no han parado de darme ideas.
Creo que este es el mejor entrenamiento que tendré en toda mi vida. Me abrieron un mundo que para mí estaba… muy limitado.
Sonrió. Una sonrisa limpia, llena de gratitud.
Y en ese instante, su aura reaccionó.
El viento a su alrededor cambió. Ya no era caótico ni disperso. Se volvió firme, obediente, como si hubiera encontrado una voluntad clara a la que seguir.
Yui dio un peque?o grito de esfuerzo.
No fue de dolor, sino de decisión.
Su aura fluyó hacia delante, no en un remolino, no en una nube… sino en una forma precisa.
Un escudo apareció frente a ella.
No era enorme ni diminuto: tenía el tama?o perfecto para cubrir su torso y su rostro. Era verde transparente, como cristal hecho de viento, con líneas de un verde más oscuro recorriéndolo por dentro, formando patrones que recordaban hojas y corrientes de aire entrelazadas.
El escudo vibraba suavemente, como si respirara.
Soren abrió los ojos con una sonrisa que no pudo ocultar.
—Anda… lanza esa piedrita —dijo, casi con orgullo.
Crea una piedra del tama?o de su pu?o y la lanzó con fuerza hacia Yui.
La piedra voló directa… pero justo antes de tocar el escudo,
Una capa de aire se desprendió del escudo, como una hoja invisible.
La piedra cambió de dirección en seco y salió despedida hacia atrás, pasando cerca de Soren y clavándose en una valla de madera.
Yui alzó la mirada, con una sonrisa llena de confianza, casi desafiante.
—Vaya… ahora tu piedrita ya no puede tocar mi escudo.
Por un segundo hubo silencio.
Y luego…
— ?WOOOO! —gritó Indora, rompiéndolo todo, aplaudiendo con fuerza.
Kilia se unió de inmediato, dando peque?os saltos mientras aplaudía con una sonrisa brillante.
— ?Lo hizo! ?Lo hizo de verdad!
Soren observaba el escudo, la postura firme de Yui, el aura perfectamente controlada… y soltó una carcajada profunda, satisfecha.
—Eso es, Yui Cronos. Eso es lo que significa dominar tu poder.
El viento alrededor de ella se calmó poco a poco, pero el escudo permaneció unos segundos más antes de disiparse en suaves partículas verdes que se desvanecieron en el aire.
Yui se quedó allí, respirando hondo, el corazón latiendo con fuerza.
Había empezado como alguien que apenas podía formar una esfera torpe.
Y ahora… estaba creando armas, ataques y defensas con su propia voluntad.
Bajo el cielo de Akron, entre aplausos y miradas llenas de asombro, Yui volvía a dar otro paso hacia adelante.

