# Capítulo 28: El hombre que vale mil millones de monedas de oro
## I. La caminata bajo la Luna Roja
La oscuridad del mundo era una constante, un vacío que parecía haberse tragado la luz misma. El cielo mostraba la luna roja, y el aire, pesado y denso, era la carga que se llevaba a diario. Aquella ma?ana, Zack y K caminaban por los caminos que llevaban a la Ciudad Roja, a solo treinta minutos de su casa-fortaleza. Pasaron por el Lago Negro, cuyas aguas reflejaban la melancolía del cielo, y por el Bosque Rojo, cuyos árboles parecían observar a la pareja en silencio.
Era una de las raras veces en que K tenía la oportunidad de estar a solas con Zack. Al principio, sentía un miedo reverencial. Las haza?as de Zack havían convertido su nombre en una leyenda de terror. "Zack" era un nombre común, pero o **Cazador de Ojos Negros** era un apodo que pertenecía a un solo hombre, un hombre cuya cabeza valía la astronómica recompensa de **mil millones de monedas de oro**.
Tres a?os a su lado habían desmantelado la imagen del monstruo. K notó la bondad, el amor y, lo más importante, la culpa que cargaba por errores del pasado. Tenía un aura fuerte e innegable, pero por dentro, era un hombre que sentía que nunca había logrado nada realmente.
Mientras caminaban, K observaba a Zack. Llevaba la Luna Negra a la espalda, oculta bajo una capa oscura para esconder la espada y su identidad. Sus ojos negros estaban fijos en algo que K no podía ver, una línea en el horizonte que solo él percibía.
— Zack, ?puedo preguntarte algo personal?
— Claro...
K vaciló, mirando el rostro cansado de Zack. Sus ojos negros, profundos y sin brillo, decían mucho sobre el peso que cargaba.
— Orpheus se fue hace un mes. Sabes que puedes hablar conmigo. Estaré aquí. Sé que no soy Orpheus, ni Lyra ni Mira. Sin embargo, estoy aquí para escucharte y no te juzgaré.
Zack se detuvo y miró a K. La mujer morena, de ojos rojos y cabello rizado, lo trataba por primera vez como a un amigo, sin el miedo que lo envolvía como un sudario.
Zack reanudó la marcha, sin responder. K se sintió incómoda, pensando que seu intento de acercamiento había fallado.
Pero entonces, Zack respondió, con voz baja, casi un susurro al viento:
— Voy a volver a mi ciudad natal, K. **El País del Poliedro**. La gente, mis viejos amigos, están allí. La verdad, K, es que la pelea contra Tobi, mi gran hermano de caza, me afectó profundamente. Descubrí mucha información y, en cierto modo, siento que estoy en un *bucle*. Siento como se hubiera vivido esto antes y solo estuviera empezando de nuevo.
K se sorprendió al ver a Zack abrirse. Su mente táctica luchaba por seguirle el ritmo: Zack, bucle, País del Poliedro. Era demasiada información.
— ?Por qué te sientes así? ?La pelea desbloqueó recuerdos en ti, Zack?
— Sí. De hecho, Tobi me lo contó todo. La verdad es que fue usado y desechado por alguien a quien ambos amábamos mucho y a quien yo creía muerto.
— Dios mío —respondió K, con la voz llena de empatía—. Tu vida no es fácil, Zack. Lo siento mucho.
— Está bien, K. Todos tuvimos una vida difícil. Sé lo de tu amigo, e también sé lo de tu pasado.
## II. La confesión de la Luna Negra
K agarró el brazo de Zack, deteniéndolo bruscamente. Ambos se giraron y se miraron.
— ??Cómo lo sabes, Zack?! —gritó K, la sorpresa convirtiéndose rápidamente en furia y traición.
— Vi tus recuerdos durante nuestra batalla, cuando ayudaste a Orpheus.
— ?Cómo?
— La Luna Negra leyó tu mente. Y ahora yo también lo sé. Lo siento, K, pero no tengo control sobre ello... La espada consume y absorbe todos tus miedos y debilidades.
K se sintió enferma, traicionada, humillada. El dolor de tener expuesto su secreto más íntimo, el recuerdo de su amigo ahorcado, era la carga que llevaba. Sus pu?os se apretaron, la rabia hirviendo en sus ojos rojos.
Pero, en cuestión de segundos, sintió una mano en su hombro izquierdo. Zack se quitó la capucha, revelando su rostro. La sonrisa que le dedicó era el lado más amoroso que K había sentido jamás, una sonrisa que desarmaba al Rey del Horror. Le pidió disculpas a K y la miró profundamente a los ojos.
— Mientras sufras, estaré a tu lado para ayudarte. Eso es lo que hacen los amigos.
La ira en los ojos de K, los pu?os apretados, se transformaron lentamente en ligereza. El hombre más temido del mundo le estaba mostrando su lado más amable.
K abrazó a Zack en un acto de conexión. Fue el primer abrazo fuerte entre ellos, un abrazo que selló el comienzo de una verdadera amistad, forjada en el dolor compartido y la aceptación mutua.
## III. La barrera y el Mesías
Al llegar a la Ciudad Roja, fueron detenidos por una barrera. Era invisible, pero para Zack y K, que podían sentir la energía, era palpable. Solo las personas fuertes sentían y veían esa barrera, creada por Ygon para sentir la presencia de cualquiera que entrara en la ciudad. Quería saber todo lo que entraba y salía.
— No puedo entrar, K. Tendrás que hacer las compras tú.
K miró a Zack, confundida.
— ?Por qué no? Siempre vienes con Lyra, Mira y El Ni?o.
— Sí, vengo, K, pero no entro. Si entro, podrías estar en peligro y no quiero llamar la atención.
K recordó que hace tres a?os, antes de que Ygon dominara la ciudad, Zack era visto como un mesías, tratado como una deidad.
— Pero Zack, te aman...
— Ya no, K. Ygon manipula la ciudad, la religión, el ejército. Su discurso es hermoso, pero me tiene miedo. Imagina cómo reaccionaría la población si me vieran. Me apoyarían y estarían de mi lado. Soy aquel a quien Ygon no puede arrebatar al pueblo. Soy el mesías para los ciudadanos rojos.
K finalmente comprendió. Dondequiera que Zack fuera, todo cambiaba. Asintió, con el rostro y el cuerpo firmes, lista para la tarea.
— Entraré, haré las compras y saldré rápido. Espérame aquí fuera.
— De acuerdo, K. Ten cuidado y baja tu nivel de aura. Tu poder podría llamar la atención.
K simplemente asintió y cruzó la barrera, dirigiéndose hacia la puerta de madera roja y piedras negras. La puerta tenía treinta metros de altura, custodiada por varios soldados con armadura roja con el símbolo de un gran ojo. Los soldados miraron a K, y ella les devolvió la mirada, pasando tranquilamente.
Dentro de la ciudad, las casas habían cambiado. La arquitectura roja y las calles rojas estaban siendo reemplazadas lentamente por el negro. Ygon estaba despojando gradualmente al lugar de su identidad.
— Matas la cultura y pronto matas los recuerdos. De esa forma, el pueblo no sabe por qué está luchando —se dijo K a sí misma.
La ciudad, que era próspera, seguía siendo aún más próspera. Nadie pasaba hambre, los mercados estaban abiertos y había puestos que vendían de todo. Mercenarios, asesinos, ladrones y cazadores estaban por todas partes, pero había una ley clara impuesta por Ygon: si alguien mataba, robaba o hacía algo contra el orden, sería quemado vivo en la plaza central. Ygon daba libertad para que entrara cualquier basura humana, pero había reglas. Todos las seguían, ya que Ygon había matado a miles de personas que no cumplieron.
K pasó por la plaza y vio gigantescas estacas de madera con cuerpos colocados en ellas. Varias personas estaban muertas, crucificadas, y otras ya habían sido quemadas, dejando solo restos carbonizados. Había gente llorando, otros riendo y disfrutando de la vista.
— Así que esta es la igualdad que busca —dijo K—. Aterrador.
## IV. El Bar de la Jarra Agujereada
Desde lejos, K divisó el bar donde, tres a?os atrás, había estado con Tobi, Zack y otros del grupo. Pensó: *Compraré bebidas para Zack. Realmente le encantaba beber en este bar, y creo que será un gran regalo.*
El bar se llamaba **La Jarra Agujereada** (*Caneca Furada*). K se dirigió hacia él, cruzando la plaza central, un trayecto que se sentía como pasar por el infierno.
La Jarra Agujereada estaba construida en un estilo gótico extremo, ocupando lo que una vez fue una capilla. Arcos ojivales sostenían un techo alto pintado con frescos que representaban antiguas batallas entre guerreros de ojos rojos y criaturas de la oscuridad. Gárgolas decorativas se posaban en los salientes de las columnas, observando a los clientes con expresiones congeladas en sonrisas maliciosas o muecas de dolor.
La iluminación provenía de candelabros de hierro forjado y linternas de llama azul, creando un juego hipnótico de luces y sombras que danzaban por las paredes de piedra oscura. Mesas macizas de madera tallada llenaban el espacio principal, cada una rodeada por sillas de respaldo alto que parecían peque?os tronos.
La barra del bar en sí era una obra de arte: una sola losa de madera negra petrificada, pulida hasta alcanzar un brillo de obsidiana, tallada con escenas de batallas antiguas y rituales olvidados. Detrás de ella, los estantes mostraban una impresionante colección de botellas que contenían líquidos de todos los colores imaginables: algunos brillaban desde el interior, otros emitían humo o cambiaban de tono lentamente. La decoración se completaba con cráneos humanos y de criaturas desconocidas, algunos convertidos en jarras o lámparas, otros simplemente dispuestos en los estantes como trofeos silenciosos de historias no contadas.
El bar estaba abarrotado. El tintineo de las jarras, las conversaciones en voz alta y las risas ocasionales creaban una cacofonía que contrastaba con la atmósfera sombría del exterior. Había juegos de cartas en marcha en varias mesas, con grandes apuestas ganadas y perdidas en segundos.
Desde lejos, K notó al mismo camarero. Detrás de la barra estaba **Vex**, un hombre alto y delgado, con intensos ojos rojos que parecían brillar en la penumbra. Calvo, con tatuajes rituales cubriendo su cráneo y cuello, llevaba un delantal de cuero sobre ropa negra sencilla. Sus manos se movían con una precisión impresionante mientras mezclaba las bebidas.
Vex reconoció a K y levantó una jarra, llamando su atención. K se acercó y se sentó en el taburete, apoyándose en la barra.
— ?Te acuerdas de mí, Vex?
— Cómo podría olvidar a una morena tan hermosa.
Ambos rieron y el ambiente se volvió más agradable para K.
— ?Dónde está Zack? Lo extra?o.
— No pudo venir. Creo que sabes por qué, Vex.
— Lo sé... —Vex miró fijamente a K.
— Voy a llevarle unas bebidas, y quiero que apartes las mejores, las que a él le encantan.
Vex mostró una enorme sonrisa.
K no entendía por qué la gente amaba tanto a Zack, aun sabiendo que era considerado un monstruo.
— ?Por qué no le temes ni lo cazas por la recompensa, Vex? ?Qué le pasa a esta ciudad? Aman a Zack.
Vex usó sus habilidades en una mezcla de agilidad con vasos, botellas y acrobacias.
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— Es simple... **él fundó este bar y salvó a esta ciudad muchas veces.**
Los ojos de K se abrieron de par en par y se quedó boquiabierta por la sorpresa.
— ?No puede ser! Me estás tomando el pelo.
— Hace muchos a?os, llegó Zack. Solo era un ni?o, buscando ayuda, un hogar, desesperado por sobras. Sus ojos negros no marcaron ninguna diferencia aquí. Lo tratamos, lo cuidamos y le dimos un hogar. La ciudad lo acogió sin siquiera saber su nombre o de dónde venía.
Vex continuó, con voz grave:
— Esta ciudad fue atacada por monstruos del continente rojo. La gente moría todos los días, los ni?os eran los más afectados porque eran objetivos fáciles. La ciudad se estaba reduciendo rápidamente. Los monstruos aumentaron y las criaturas comenzaron a desarrollar pensamientos, habla y conciencia.
K cuestionó:
— Las historias dicen que las criaturas del vacío siempre mantuvieron el equilibrio sobre el continente rojo y nunca atacaron a los humanos.
Vex se rió, una risa genuina, y lloró de risa, como si fuera un chiste. Le entregó a K una taza roja con líquido negro y una servilleta, mientras se secaba los ojos.
— Entonces... todo cambió, K. Las criaturas no entraban en la ciudad. La población no entendía por qué este cambio, hasta que uno de los ancianos dijo que Zack, cada noche, cazaba a las criaturas que entraban en la ciudad. Su presencia, la energía que emanaba, su aura, hacía que todas las criaturas, que ahora son conscientes, tuvieran miedo de atacar a la población. Al final, K, **Zack disciplinó a los monstruos para que temieran las consecuencias.**
K dio un trago y se bebió toda su bebida. Sus ojos brillaban. Esa era la historia más genial que había escuchado jamás.
— Zack é un maldito crack —respondió K, brindando con Vex.
Ambos sonrieron al descubrir que su amigo mutuo no era el monstruo que valía mil millones de monedas de oro, sino su salvador.
***
### Un mundo nuevo
## I. Emboscada en La Jarra Agujereada
La atmósfera en el bar La Jarra Agujereada era de una rara relajación para K. Entre sorbos de una bebida carmesí, intercambiaba información con Vex. El camarero, con su agilidad hipnótica, preparaba las botellas que Zack tanto amaba, mientras contaba chistes e historias sobre los antiguos clientes habituales del bar. K se sentía, por primera vez en mucho tiempo, en paz.
*?Clack!*
El sonido de la madera astillándose cortó la cacofonía del bar como un trueno. Antes de que K pudiera procesar el ruido, una explosión de velocidad la alcanzó. Una pierna roja, moviéndose como un borrón, golpeó el costado de su cabeza. El impacto fue devastador. El cuerpo de K atravesó la pared de hormigón del bar, siendo lanzado violentamente a la calle.
K luchó por ponerse de pie. Su traje de cazadora —la falda marrón sobre pantalones negros y la capa oscura— estaba hecho jirones, revelando la piel amoratada por el impacto. Hundió las manos en el suelo, sus dedos raspando la tierra mientras su cuerpo aún se arrastraba hacia atrás por la inercia del golpe.
Sus pupilas rojas se movían frenéticamente, intentando localizar al agresor. Desde arriba, un torbellino corporal descendió hacia ella, con el objetivo de aplastarle el cráneo. K reaccionó por instinto, cruzando los brazos sobre su cabeza para mitigar el impacto. El pie rojo golpeó sus antebrazos con la fuerza de un martillo hidráulico. Sus pies se hundieron en el suelo, creando un cráter debajo de ella, pero resistió.
Sin embargo, el ataque fue coordinado. Ante ella, una espada plateada brilló, lanzándose hacia su abdomen. K forzó sus pies hacia abajo, convocando una barrera de tierra que se levantó instantáneamente. La hoja plateada chocó contra la roca sólida, deteniéndose a milímetros de su cuerpo.
Los dos agresores se retiraron, manteniendo una distancia cautelosa. Ambos vestían capas rojas adornadas con un colgante de un ojo gigante, el símbolo de Ygon.
— ?Soy una cazadora! —gritó K, limpiándose la sangre de la comisura de la boca—. ?Por qué demonios me atacan?
— ?Dónde está Zack? —La voz que respondió era fría y desprovista de emoción.
La multitud en la calle se dispersó rápidamente. Los ciudadanos de la Ciudad Roja sabían reconocer el olor de la muerte inminente. La energía que emanaba de los tres combatientes era lo suficientemente densa como para dificultar la respiración.
— Ahora lo entiendo —siseó K—. Ustedes también son cazadores. Van tras los mil millones.
Vex apareció en medio del campo de batalla, con los ojos muy abiertos.
— ?Se dan cuenta de lo que están haciendo? ?Atacar dentro de la ciudad? ?Si Ygon se entera, estarán muertos en menos de un día!
Los dos agresores se quitaron las capas. Vex dio un paso atrás, con el rostro pálido.
— ??Qué demonios está pasando aquí?! —gritó el camarero.
— Estábamos esperando la próxima visita de Zack —dijo uno de ellos—. Pero parece que su aroma está en ti. Curioso... hemos estado analizando ese mismo aroma durante meses. Antes eran mujeres y un hombre. Ahora eres tú.
K sintió un escalofrío. No eran aficionados; habían estado preparando esta caza durante meses.
— ?Sal de ahí, Vex! —gritó K—. ?O te matarán!
Vex estaba temblando. Reconocía esos rostros.
— Son generales del ejército de Ygon... Pero ?qué demonios es esto? ?Zack es un héroe de esta ciudad!
Una de las figuras dio un paso adelante. Era una mujer de una belleza impresionante y letal. Piel negra como la noche, cabello negro corto adornado con piercings y tatuajes rituales que bajaban por su cuello y brazos. Su ropa estaba rasgada, cubierta por una capa roja que se arrastraba por el suelo. Cuando habló, su voz tenía un tono vibrante, casi musical, que causaba un placer inquietante en quienes la escuchaban.
— ?Tápate los oídos! —gritó Vex a K, desesperado.
Sin entender, K obedeció. Pero, en segundos, el propio Vex, con los ojos vidriosos, sacó una daga y se lanzó al cuello de K. Ella esquivó con un movimiento acrobático perfecto, sintiendo el viento de la hoja pasar por su garganta.
— ?Maldita sea, Vex! ?Ella te está controlando! —K se dio cuenta de la trampa. La mujer, **Nati**, movía los labios en un susurro continuo, palabras de poder que K no podía oír, pero que doblegaban la voluntad de cualquiera que estuviera a su alcance.
## II. El reflejo de la sangre
Lejos de allí, Zack esperaba a la orilla de un peque?o lago. El retraso de K lo estaba carcomiendo. Sabía que ella era capaz, pero el tiempo que había pasado desde que cruzó la barrera era excesivo. La luna roja se reflejaba en el agua, dando al lago la apariencia de un charco de sangre fresca.
Zack lanzaba piedras al agua, observando las ondas expandirse, cuando sintió una presencia. K estaba a su lado.
— ?Me asustaste, K! —Zack saltó hacia adelante, cayendo al agua y empapándose la ropa. Soltó una risa sincera, intentando aliviar la tensión—. ??Estás loca?! ?Casi me meo en los pantalones!
Pero la risa murió en su garganta cuando la miró. La ropa de K estaba rasgada, su cuerpo cubierto de moretones y su boca sangraba. La expresión de Zack cambió instantáneamente. Su cuerpo se volvió rígido, el aura de diversión reemplazada por una furia fría.
— Me retrasé —dijo K, pero sus ojos carecían de su brillo habitual. Estaban apagados, vacíos.
— ?Quién te atacó? ?Dónde están? —Zack ya estaba buscando la empu?adura de la Luna Negra.
K miró fijamente a los ojos de Zack y dijo, con una voz que no parecía la suya:
— Detrás de ti...
En el mismo instante, una espada plateada emergió de las aguas del lago, apuntando al corazón de Zack. él esquivó por puro instinto, tirando de K con él para protegerla. Pero en el momento en que la sostuvo, sintió una mano aplastando su garganta. K lo lanzó al suelo con una fuerza brutal y asesina.
— ?Maldita sea! —gritó Zack, el impacto abriendo un cráter en el suelo. La sangre brotó de su boca—. ?Te están controlando, K!
Nati apareció en el cielo, descendiendo como un meteoro. Su pierna roja golpeó el pecho de Zack, hundiéndolo más en el agujero. Ella y K se retiraron, posicionándose una al lado de la otra.
— ?Usa tu habilidad más fuerte ahora! —ordenó Nati.
Una energía púrpura abrumadora emanó de K, explotando en una columna de luz que tocaba el cielo. El hombre de la espada plateada, **Zuko**, miró a Nati con admiración y miedo.
— Dios mío, es jodidamente fuerte. ?Esa perra debe tener una habilidad de nivel Dragón!
— ?Manténla bajo control, Nati! —gritó Zuko.
K activó su habilidad: **"Fraco"** (Debilidad).
Zack sintiu que el mundo daba vueltas. Sus atributos fueron drenados instantáneamente. Toda su energía, fuerza y agilidad fueron transferidas a K, mientras él recibía su debilidad.
— ?Mierda! —rugió Zack, forzando su cuerpo fuera del agujero en una explosión de rocas y tierra.
Nati sonrió, con un brillo cruel en sus ojos.
— Ahora Zack puede ser asesinado. Su poder es nuestro. ?Matémoslo ahora! ?Ataca con todo, Zuko!
## III. El silencio y la sentencia
Zuko avanzó, su espada plateada brillando con una luz siniestra.
— **Técnica Nivel 3: ?Silencio!**
Un sonido ensordecedor de llantos y lamentos llenó el aire. El sonido distorsionaba el espacio y el entorno, atacando directamente las mentes de quienes lo escuchaban, evocando los peores traumas y dolores.
Zuko empu?ó el arma con ambas manos, preparando el golpe final. Zack, retrocediendo, sintió el peso de la debilidad de K en sus miembros. Sabía que si no resolvía esto en segundos, estaría muerto.
Desenvainó la **Luna Negra**.
La hoja negra chocó contra la espada plateada, bloqueando el ataque de Zuko. Para sorpresa del general, el sonido de lamentos de la técnica "Silencio" no parecía afectar a Zack.
— ?Crees que ese llanto me asusta? —La voz de Zack era un susurro del abismo—. Mi vida es mucho peor que una espada que llora.
Zuko sintió su orgullo destrozado. Ser humillado por un hombre que debería estar debilitado era demasiado para él. En un arrebato de rabia, cambió de estrategia, atacando con toda su fuerza bruta.
Nati le gritó que se detuviera, dándose cuenta del error, pero era demasiado tarde.
En un movimiento que los ojos humanos no pudieron seguir, la Luna Negra describió un arco perfecto. En segundos, la cabeza de Zuko fue separada de su cuello. Nati observó, paralizada, cómo la cabeza de su aliado rodaba por el suelo manchado de sangre. El general de Ygon había sido asesinado como cualquier animal.
Zack limpió la sangre de la hoja, con sus ojos negros fijos en Nati.
— Nati... —Su nombre salió como una sentencia de muerte—. Voy a matarte, desgraciada.
**FIN DEL CAPíTULO**

