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Liberación, paz forzada (IV): Calma impuesta, decisión propia

  William sintió que era inútil intentar razonar. Ella ya había demostrado desde antes que era justamente eso: rara e irracional.

  —?Así que tú desapareciste a ese ni?o?

  —?Cuál ni?o? ?El que estaba conmigo quitando hierba seca u otro ni?o? —dijo ella con cara de inocente—. Es broma, jajaja...

  El anciano suspiró.

  William se llevó los dedos a las sienes.

  Maribel detuvo la risa, despechada.

  —Yo no lo desaparecí como insinúas, sino que él se apareció ante mí. Y déjame decirte que, si alguno de ustedes lo trata mal, olvídense del plan. Me lo llevaré sin pensarlo más a Puerta de Sal.

  —Entiendo —el viejo suspiró; no sabía si de alivio o de nervios, quizás un poco de ambos.

  —?Entonces qué planeas hacer?

  —Tengo una técnica secreta, aunque podría costarme todo mi esfuerzo.

  Ella sabía que era su única técnica, pero solo podía apostar por esa; su otra opción era usar al ni?o como rehén, y no tenía intenciones de exponerlo así.

  —Entonces... ?qué necesitas? —dijo William, tragando saliva.

  —... —Maribel sonrió contenidamente—. Esto sonará a broma, pero no lo es. Solo necesito una promesa y las cosas estarán hechas.

  Curiosamente, esta vez ninguno de los dos parecía sorprendido.

  Ella sentía que su diversión empezaba a perderse poco a poco.

  —Así que planeabas usar eso... un juramento a los cielos, ?verdad?

  Esa pregunta desencajó a Maribel de sus ideas originales.

  —?Sí sabes que eso dejó de funcionar, verdad? Los cielos abandonaron el mundo y a las otras razas desde hace mucho tiempo.

  Una idea le vino a la mente al entender las implicaciones de aquello que llamaban los cielos; lo más seguro era que ahí residían los dioses. ?Qué mejor lugar para atar una promesa?

  —No se preocupen, precisamente es una técnica secreta por algo. Incluso si es un mortal, igual funcionaría.

  Ella miró con más seriedad.

  —Por cierto, tengo una pregunta muy importante —dijo, mirando al actual líder.

  él le respondió afirmativamente con la cabeza, así que Maribel prosiguió:

  —William es... bueno... ?qué relación guardan ustedes?

  Ambos vieron el asunto comprensible; nunca lo aclararon, después de todo, aunque ella tampoco mostró interés antes.

  —William es mi primo hermano. Yo soy Raz Schuman y William se apellida Raz; es hijo de una de las hermanas de mi padre, por lo que no pudo heredar el apellido.

  Ahora Maribel tenía otra pregunta.

  ?Qué hacía una familia con apellido en esta pocilga?

  No, tenía dos preguntas: ?por qué su nombre era igual que el apellido de William?

  Dejando esas cuestiones de lado, ella tenía que asegurarse con el sistema de poder usar su habilidad correctamente.

  Así pasaron las horas y finalmente el día.

  Al día siguiente, Maribel se encontraba ascendiendo la monta?a con un hombre y una mujer.

  Ella llevaba una canasta pesada en la espalda, mientras Clara llevaba una canasta llena de hojas secas. Prendían un peque?o montón cada cierto tiempo, cada uno apartado de los árboles y en una zona amplia.

  Pasaron casi cuatro horas.

  Cerca del mediodía, los hombres bestia aparecieron. Maribel podía suponer que había dos o tres más escondidos en algún lugar, pero solo dos se mostraron abiertamente.

  Uno era un hombre vestido de cuero de pies a cabeza; las costuras eran claramente de fibra vegetal. Tenía u?as largas y gruesas que parecían piedra en lugar de queratina. Maribel podía sentir una sensación a podrido tan solo al tocarlo con la mirada; su mente casi reproducía el olor.

  El lobo olfateó el aire y mostró una sonrisa.

  —?Vienen a rogar por misericordia?

  —Vinimos a hablar, yo principalmente —dijo Maribel.

  —?Tú...? —El hombre la examinó desde lejos—. Eres solo una mujer débil. ?Qué derecho tienes a negociar entre hombres? Incluso las brujas bajan la cabeza ante mí.

  Maribel levantó una ceja; se preguntó si en esta ocasión debía enfadarse, pero hacerlo probablemente complicaría las cosas.

  —Bueno, realmente podemos hablar o pueden intentar suerte.

  Dijo William con una sonrisa. No enga?aba a nadie: tenía el corazón subiéndole por la garganta, quién sabe si de excitación o de miedo ante la posibilidad de presenciar una batalla entre esos dos.

  —Tsk... —Maribel negó con la cabeza—. ?Por qué les gusta provocarse unos a otros? Si fuera una guerra de provocación, el rey ya provocó a todos los aquí presentes.

  Clara la miró confundida; no entendía qué hacían esos dos, pero si era por salir ilesa, ya no le importaría volver sin negociar.

  Maribel la miró y dijo en voz alta:

  —Bueno, es que el sujeto llega y provoca a esta gente, que luego viene a causarnos problemas en Puerta de Sal; sin embargo, no manda protección activamente. ?No es así? Es como si te pusieran frente a un tigre y te dijeran: sobrevive mientras yo observo con una sonrisa.

  Esas palabras, dichas con algo de queja y enojo, dejaron pensativos a los hombres bestia frente a ellos.

  El segundo se adelantó y preguntó:

  —?Entonces estás en contra del rey?

  —Desafortunadamente, no tengo una posición política definida en esta guerra civil. Si elijo al rey, me vuelvo enemiga vuestra; pero si os elijo a ustedes, me hago enemiga del rey. Ningún bando me conviene. Prefiero mantenerme alejada de este conflicto tanto como pueda. ?Es molesto! Así que por eso les vengo a mostrar a este ni?o.

  Ella bajó la canasta de su espalda con suavidad.

  —El líder de Puerta de Sal me contó que se había extraviado un ni?o... así que me preguntaba si era este.

  El primero de los lobos bufó.

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  —?Extraviado? es una forma bonita de decirlo. Fueron esclavistas humanos los que se atrevieron a llevárselo contra su voluntad tras un ataque humano.

  Aunque dijo eso, Maribel notó un indicio de mentira; quizás la anticipación no le permitió ocultarlo bien.

  Ella rodó los ojos.

  —?A quién le importa eso? Como dije, solo quiero no verme involucrada en esto. Así que no me importa si fueron humanos o no; quiero hacer un intercambio.

  El segundo hombre lobo miró a Maribel con sospecha.

  —?Qué intercambio?

  —Simple. Un intercambio entre tu clan, contigo como representante, y Puerta de Sal, con William como representante.

  Maribel se dio la vuelta y se dirigió al ni?o.

  —Dime, amiguito, ?cómo te llamas?

  El ni?o lobo la miró con seriedad y preocupación; no sabía por qué le preguntaba su nombre justo ahora.

  —Pedro, como las u?as de mi padre.

  —Oh... —dijo Maribel, girándose hacia el lobo de u?as anormales. Se acercó un poco y preguntó en voz baja—. Dime... ?realmente te gustaría volver con él?

  El ni?o negó con la cabeza en movimientos cortos pero rápidos.

  —Entiendo —Maribel se dirigió a los lobos adultos—. El trato es el siguiente: te dejamos acercarte al ni?o sin protección y, a cambio, tu clan y tú no le harán da?o a nadie que pertenezca a Puerta de Sal.

  —Jeh... —el hombre se burló—. Perfecto, trato hecho.

  —Espera —dijo Maribel—. Hay algo más: me gustaría que lo jures en el nombre del cielo.

  Ella hizo una linda sonrisa, sintiendo su orgullo herido.

  —Es que soy creyente de que algo superior siempre está mirándome, así que no me gustaría dejarlo fuera de este asunto.

  —...

  El hombre la miró con desagrado.

  William se burló.

  —Déjalo. A los lobos solo les interesa la luna y su energía yin, no los cielos en sí.

  Clara entendió el asunto.

  —Hermano, deja de molestarlos —miró al hombre con u?as de piedra—. Si no lo deseas, es normal; cada especie tiene sus costumbres. A mí también me gusta grande y redonda... aunque me contento con que solo sea grande.

  El sujeto con u?as de piedra parpadeó, pero el segundo sintió hervir su sangre.

  —Realmente no me gustan esos cuentos respecto a la luna.

  El otro hombre lobo se acercó al de u?as de piedra y le habló al oído, intentando convencerlo, aunque Maribel pudo escucharlo:

  —No tardemos. Si acaso pasa algo, recuerda que aún es mediodía y no nos conviene, porque somos rastreables. Es mejor volver pronto y matarlos. Que nos den al ni?o y atacamos.

  El hombre lobo con u?as de piedra suspiró.

  —Está bien... ya que... lo juro por los cielos.

  Maribel sonrió al escuchar una notificación.

  [Los cielos te han estado observando. Has atado una promesa de dos partes con el cielo como intermediario. El cielo reconoce tus intenciones y decidió brindarte su ayuda.]

  El gasto de energía fue prácticamente nulo. Con los cielos interviniendo, Maribel apenas sentía una leve agitación.

  —Bueno... Pedro, te diré algo —dijo Maribel—. Es un gusto conocerte. Me has ayudado mucho, aunque no lo sepas... incluso fuiste extremadamente oportuno. Así que, si alguna vez quieres volver a mí, puedes hacerlo cuando quieras. Yo nunca te olvidaré.

  Pedro vio a su padre elevarse frente a él, tapándole el sol. Básicamente, el trato estaba hecho. Se acercó y pasó la prueba.

  —Toca el cuerno para atacar la villa, ya recuperé a mi hijo. Su madre estará feliz de verlo —una cruel sonrisa se formó—. O tal vez no, jajaja.

  Tras oír eso, Pedro dio la vuelta y regresó corriendo, lo que alteró a ambos lobos, ya que el trato era una oportunidad, no una garantía de que se lo entregarían.

  Ambos corrieron tras él.

  —...

  —...

  La incredulidad se reflejó en sus rostros cuando intentaron tomarlo por la fuerza... pero no pudieron. Sus manos y pies simplemente no lo tocaban, como si intentaran agarrar la niebla de las ma?anas de invierno.

  —?Tú! ?Qué clase de hechicería es esta? ?No dijiste que nos darías a mi hijo si los dejábamos en paz?

  —Bueno... no nos querían dejar en paz realmente, pero al menos así no hicieron nada tonto —Maribel se puso seria—. Además, Pedro comió, durmió, trabajó y se ba?ó en Puerta de Sal. Para mí... eso es ser un miembro más de la comunidad, ?no es verdad?

  Ella sonrió con sorna.

  —El significado es lo más importante.

  El lobo con garras de piedra tenía la boca abierta.

  —?Qué lógica tan absurda!

  Básicamente, ambas comunidades podrían adentrarse en territorio ajeno y no podrían hacerse nada la una a la otra si intentaban atacarse.

  Maribel sabía que incluso podrían dormir en la cama del otro sin preocuparse por recibir un cuchillo por la ma?ana, aunque los lobos no tendrían realmente ese lujo.

  —…

  La mirada de ambos hombres lobo estaba llena de sorpresa, pero también de miedo; si unas palabras podían provocar algo así, ?no podría haberlos enga?ado para que todo su pueblo muriera ante el mínimo error?

  El hombre lobo más débil preguntó:

  —Glup H-hey… no… no me dirás que piensas acabar con nosotros, ?verdad? Dijiste que no estabas de acuerdo con el Dragón Rojo…

  Las palabras del hombre ahora parecían extremadamente cautelosas, incluso paranoicas; realmente sentía que su vida dependía de lo que dijera, literalmente, pues si ella quisiera podría iniciar una masacre unilateral en la que ellos solo podrían correr o esconderse.

  La voz del lobo con garras de piedra tembló.

  —No importa la situación, es imposible que alguien que jura por los cielos sea escuchado hoy en día. Solo hubo una persona… y ya me encargué de ella…

  Maribel levantó una ceja; luego, una sonrisa extra?amente siniestra llegó a sus labios, acompa?ada por una sensación de reproche del sistema.

  —?Sabes?… No lo negaré: por un momento sí pensé en hacer caer alguna maldición sobre ustedes… sería lenta y dolorosa. Sin duda, tomaría a?os en cumplirse.

  La tez de ambos semihumanos se volvió pálida.

  En contraste, la calma regresó a Maribel.

  —Pero recordé algo… —volteó a ver al ni?o que regresaba a Puerta de Sal—. No es algo que yo haría; simplemente no me atrevo. Hice un juramento a?os atrás: no da?ar, sino servir, curar y aliviar los malestares… No me gustaría romper mi promesa. Por más que una promesa sea solo una ilusión, esta en especial es de gran valor para mí.

  Maribel se dio la vuelta y se dispuso a alcanzar a los tres.

  El sonido de los pasos se escuchó por largo rato, mientras la ansiedad la carcomía con el impulso de darse la vuelta.

  Pero, pese a sus instintos, siguió caminando.

  A unos cien metros, inhaló profundamente, sintiendo cómo la tensión se dispersaba de golpe.

  Maribel se permitió relajarse y cayó al suelo de rodillas.

  Se dio unas palmaditas en la espalda.

  ?Estos días sí que fueron extremos; aunque aún debo seguir durmiendo en ese pasto seco, al menos es mejor que cuando llegué. Así que pienso relajarme unos días…?

  —?Saben qué deseo ahora mismo, chicos? —preguntó Maribel a William, Clara y Pedro, quienes voltearon a verla—. Deseo poder relajarme como es debido.

  William pareció contemplar el comentario; luego, simplemente esbozó una peque?a sonrisa. La segunda que Maribel consideraba sincera en este mundo.

  —Es verdad… yo también estuve tenso estos días. Por muy bien que lo haya manejado, mis nervios aún están de punta…

  Clara alborotó el cabello de William.

  —Ve y relájate, búscate una esposa y ten hijos, peque?o llorón. Mamá estaría terriblemente decepcionada de que no le hayas dado nietos.

  Maribel cargó a Pedro en la espalda usando la canasta; no bromeaba cuando lo había llamado desnutrido anteriormente y no quería que se exigiera demasiado.

  Dudó si era prudente preguntar en ese momento, pero lo hizo.

  —Así que… bueno… quizá sea maleducado preguntar, pero… si no quieren, no se sientan obligados a decírmelo. Ahora mismo estoy bien sin saberlo realmente.

  Maribel tomó una respiración, esperando que eso ayudara a que la pregunta no fuera tan incómoda.

  —Quería preguntarles algo: ?por qué viven juntos a esta edad?

  La pregunta pareció agriar el ánimo de los hermanos, aunque el momento era tan esperanzador que se recuperaron pronto.

  —Bueno, Maribel… —Clara se acercó y le habló al oído, sin importarle que el ni?o estuviera cerca—. Nuestro padre y nuestra madre fueron asesinados, y el resto de nuestros hermanos murieron por enfermedad o fueron esclavizados por contrabandistas.

  Maribel casi se ahogó con su propia saliva.

  Tosió durante un buen rato.

  William la miró de reojo.

  —?Realmente no eres de por aquí, verdad?

  —?Eh…? ?Recién ahora te das cuenta?

  —Pensé que podrías ser una discípula de alguna secta lejana que se aventuró a conocer el mundo. Déjame agregar que, si es así, entonces fuiste muy ingenua.

  —?Secta? ?Hay cultos por estos lugares?

  —Emm… ?cultos? No sé si hay cultos en nuestra región exacta, pero sí sé que en nuestro reino ciertamente existen cultos demoníacos —suspiró—. Ahora debo aclararte una posible confusión: cuando decimos “sectas” lo hacemos en un sentido peyorativo, pero no malvado, como sí ocurre con los cultos. Si llegas y llamas a un sectario como si fuera miembro de un culto, ten por seguro que te ganarás una pelea.

  —Lo tendré en cuenta, muchas gracias.

  —No pasa nada. Afortunadamente para ti, el Dragón Rojo no prohíbe la presencia de sectarios; de lo contrario, habrían enviado a un cultivador del ejército del Dragón Rojo a aniquilarte.

  Maribel comenzaba a entender un poco qué era lo que ellos llamaban un cultivador, aunque no se atrevía a preguntar.

  Al llegar a Puerta de Sal, todos se dejaron caer en sus camas; bueno, Maribel solo tenía hierba seca, pero era mejor que el suelo ardiente bajo el sol.

  El sistema compartía sus emociones con Maribel. La calma no era lo único presente; parecía un poco inconforme, pero también feliz y esperanzado.

  ??Qué ocurre, sistema??

  [?Cómo te sientes, anfitriona?]

  ?Me siento bien… ?pasa algo malo conmigo??

  [Maribel, el sistema tiene una pregunta que desea que respondas: ?la anfitriona Maribel sigue siendo Maribel?]

  ??Qué clase de pregunta es esa? Claro que soy yo…?

  Lo dijo sin pensar, pero en su corazón llegó una repentina comprensión: había cambiado.

  Se miró las manos.

  Dudó.

  Pero poco después negó con la cabeza.

  ?Cuando comprendí que las cosas a las que me aferraba eran ilusiones, mis ataduras se aflojaron. Pero la respuesta es no: ciertamente aún conservo mis valores; por eso sigo siendo yo?.

  Maribel quedó sorprendida un momento.

  ?Sistema, ?qué intentas que haga con esta reflexión? ?Hay algo que te preocupa??

  [La anfitriona no debe desviarse de su camino, salvo para mejorar. La Maribel que llegó era como un recipiente lleno de impurezas que inevitablemente se hunde en el fondo del río; la Maribel actual es el mismo recipiente, pero tras haber volcado parte de su contenido, por eso flota más.]

  Maribel se quedó pensativa un momento y luego sonrió.

  ?Qué inesperado… al final sí sabes dar una respuesta?.

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