Maribel estaba confundida. Debía esperar una semana, pero solo habían pasado dos días.
Un sirviente llegó para entregar el mensaje de que ambos habían sido aceptados como discípulos internos.
No planeaba quejarse: le resultó mejor de lo esperado.
?O ese presidente tiene gran autoridad o hay gato encerrado?, pensó Maribel.
—De cualquier manera, ya te di el mensaje —dijo el sirviente.
El mortal evitaba mirarla. No porque fuera bonita.
?Un asqueroso semihumano aquí también... ?Dónde está el padre? Esos horribles animales están destruyendo este reino.?
Las manos de Maribel temblaron.
El mortal miró esas manos, vio el trabajo duro y casi gritó.
??Un estigma social, es lo que es esta mujer! ?Seguro fue abandonada! Esa ropa de baja calidad... ?y aun así asciende? Debe haberse vendido a alguien. Maldición, hay gente que sí desea ascender justamente: ?como yo!?
La mirada de Maribel se oscureció.
—?Tienes algo que decir?
—Para nada, mi se?ora. Solo estoy repasando dónde entregar los próximos mensajes.
?Si yo fuera el líder de una secta, echaría a esta desgracia de persona y me quedaría solo con su hijo. Qué vergüenza que se quede por complacer a otros, ya hizo suficiente teniendo un crío. Solo roba el puesto a otros. Además, tiene el descaro de verse tan sorprendida... como si no supiera lo que hizo.?
Maribel se quedó petrificada. Apretó los dientes.
?Lo voy a matar.?
?No lo hagas. Si lo haces, olvídate de cultivar qi. El método que te entregué es muy rápido; callarás bocas fácilmente.?
Tras respirar profundo, habló con calma.
—Ajem… de todos modos, gracias por entregar el mensaje; ya puedes irte.
Cerró la puerta de madera sin más. No quería dirigirle más palabras.
Se dirigieron al patio interno, su identificación actualizada.
Tomó el sendero hacia arriba.
Al preguntar, resultó que debía dirigirse al Pico Espiritual de la Luna Reflejada, mientras que sus tres amigos estaban en el Pico de la Espada, algo que no se esperaba.
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?De cualquier manera... alguien sin afinidad elemental como yo está bien en un pico centrado en lo espiritual.?
La monta?a era alta, desafortunadamente.
A medida que ascendía, el frío comenzaba a calar. El calor del reino se desvanecía como un sue?o. El mal de altura agotaba su aliento.
Encontró su nueva residencia en la monta?a.
Miró la gran expansión del cielo. Suspiró, con el viento corriendo.
?Ahora que lo pienso, qué bueno que el examinador me entregó una habitación propia en el patio exterior. No viví como los demás lo hacían allá afuera.?
Volteó a ver su nuevo hogar. Una sonrisa de satisfacción llegó.
?Pero ahora, en el pabellón interno, todos tenemos residencia propia.?
En la puerta de entrada había una inscripción. Usó su habilidad para leerla; la escritura estaba incompleta y había más inscripciones como esa cerca.
Rozó el marco de la puerta antes de abrirla.
Maribel encontró unas escrituras raras en el suelo; porciones estaban escondidas en la infraestructura. Las examinó un momento y entrecerró los ojos, siguiendo el recorrido circular de las escrituras.
?Ni siquiera puedo leerlas todas. ?Cuál es la razón, entonces??
El ambiente de la habitación era sereno. Estaba decorada con plantas espirituales, incienso, un cofre de madera y tapetes apilados en una esquina.
En el área de estudio había una mesa con pergaminos, una pluma de escribir y una lámpara de aceite.
Maribel se abrazó a sí misma.
?Aun así, el frío sigue siendo intenso. Al menos puedo dormir alejada de la pared.?
No se escucharon pasos, no se sintió presencia. Simplemente la puerta se abrió.
—Maribel, necesito ayuda —la voz de Aether sonó.
Ella se sorprendió, pues estaba contemplando el interior y no había notado la presencia.
—No se escucha lo que ocurre afuera. Realmente mágico… —sacudió la cabeza, concentrándose—. ?En qué te ayudo?
—No sé cómo abrir la puerta de mi habitación.
?Su propia habitación... independiente. Un ni?o debería estar con sus padres.?
Suspiró.
—Ya voy.
Durante los días siguientes, Maribel recibió una asignación de unas pocas piedras espirituales.
Ella podía sentir la energía del mundo con mayor nitidez, mejor que en el patio exterior. Pero su velocidad no varió en absoluto, indiferente al incremento de qi mundial.
??Esto es el colmo! ??Qué está pasando?! Ni las piedras espirituales sirven...?
[Aclaración: La anfitriona usa el qi del universo, no de una monta?a, vena espiritual, artefacto ni tesoro.]
Maribel parpadeó.
?Uh... verdad. La palabra “Universal” en tu nombre está por algo.?
Sentía que esas piedras no tenían propósito más allá de la decoración, así que también las colgó del techo, tal como lo hacían en la entrada de la recepción al público. Su lobezno hizo lo mismo; eran inútiles para los dos.
Maribel llevó las manos a la cintura, viendo los adornos con una sonrisa.
—Como peque?as estrellas: cargadas de poder, inútiles para mí y fuera de mi alcance. Quédense en lo alto.
Así pasaron las primeras semanas.
Para sorpresa de Maribel, aún solía despertar con Aether al lado. Cada noche se escabullía de algún modo. Las cerraduras aparecían intactas, como si simplemente apareciera ahí.
Cada ciertos días, Maribel vendía algunas de sus piedras. Ya no hacía trabajos asignados, sino que se dedicaba a cazar. Aquello la sorprendió, porque esas criaturas eran absurdamente poderosas. Si no fuera por su sigilo y la habilidad de calmar a las bestias, habría muerto en innumerables ocasiones.
Algunos días regresaba sin ningún botín; en esos casos, tomaba restos de sus cacerías anteriores y los vendía en el edificio Aventuras, donde los artesanos valoraban esas partes del animal.
Así pasó un mes.
Ya habían desintegrado todo el sector de los discípulos externos: todos devueltos a la sociedad.
Los ancianos empezaban a rotar de puesto con mayor frecuencia; luego de una semana, simplemente cambiaban de lugar y otros desaparecían, para volver dos semanas después.
Maribel no sabía si eso era buena se?al de eficiencia o algo preocupante.

