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9.- ahora si, ¡Bienvenido a Amandel! parte 6

  Juan se perdió en la inmensidad de la peque?a ciudad, que bullía con actividad. Semillas y plantas animadas, especies insectoides y peque?os cristales caminantes, recorrían las calles, tiendas y plazas que estaban formadas principalmente por el mismo árbol que las sostenía.

  Las líneas de apariencia neón que flotaban sobre la mayoría de los locales y la gran cantidad de restaurantes atestados de personas en los tejados daban la imagen de la vida nocturna en una ciudad turística.

  La sensación se exacerbaba debido a que la ciudad estaba boca abajo, de modo que el sol por el que Juan se estaba guiando proyectaba su sombra por la ciudad.

  Tras lo que le parecieron a Juan solo unos pocos minutos, una serie de sensaciones interrumpieron su contemplación: su bolsillo vibraba, se calentaba y enfriaba, crujía y brillaba con un espectro arcoíris, también le generaba otras sensaciones, pero no tuvo tiempo de procesarlas.

  Sisco le dijo: "Ok, ya estamos listos. Botemos esto y volvamos al banco."

  Los dos tomaron la basura de sus mesas y la llevaron a un gran basurero que se veía bastante parecido al que encontrarías en un patio de comidas, pero más grande. Fuera de eso era normal hasta que Juan se fijó en el interior.

  Una especie de energía de un tornasol oscuro chupaba la basura y la lanzaba a esquinas distintas. Más abajo alcanzó a vislumbrar una nube roja y verde que parecía desintegrar los objetos.

  Al ver la expresión de Juan, Sisco le explicó mientras lo guiaba de vuelta al banco con paso ligero: "Es un basurero de reciclaje. El primer hechizo clasifica los objetos con base en su composición, moviéndolos a lugares designados en su interior y con el mismo método mantiene fuera cualquier cosa con alma. La segunda capa muele todo. La tercera es igual que la primera, pero más detallada. Luego hay varios hechizos para los distintos materiales. Algunos son utilizados como combustible para alimentar los hechizos y otros son reformados en materias primas."

  Para cuando Juan asimiló todo esto, ya habían llegado de vuelta al banco.

  Le mostraron el cristal aún brillante al guardia. Este asintió amablemente y empezó a mover la luz a su alrededor.

  Todo alrededor de Juan y Sisco se vio muy brillante y distorsionado por un segundo, y luego sus cuerpos adquirieron un tenue brillo y una especie de transparencia muy leve.

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  Aunque Juan quedó impactado por su primera experiencia con magia real, quedó más impactado cuando Sisco entró en el enorme cristal junto al guardia. El cristal no se abrió, ni se deformó, ni se quebró, ni se desvaneció. Sisco solo entró como si nada. El cristal seguía viéndose igual de sólido como siempre, tan transparente como un pedazo de vidrio.

  Emocionado, Juan apoyó la mano en el muro. Si bien estaba frío, prácticamente no sentía la presión. Era como tocar el agua a la temperatura exacta de tu cuerpo; sientes que está húmedo, pero es muy difícil de reconocer.

  Juan entró más y más, experimentando la extra?a sensación. Sin darse cuenta, ya estaba por completo dentro del cristal. Podía moverse con libertad, es más, se sentía más liviano y rápido, pero al mismo tiempo tenía la leve sensación táctil de estar dentro de una gelatina muy aguada.

  Sisco le hizo una se?al para que se apurara, así que Juan se movió, y de alguna manera ya estaba junto al arbusto.

  Entre sacudidas, este le explicó: "El guardia movió nuestros cuerpos a otro plano, dejando aquí nuestros reflejos y sombras. O al menos esa es la explicación que siempre da el banco. Aunque en mi opinión hay mucho más detrás de esto, ya que cuando interactuamos con cosas en este estado, afecta al objeto completo. Pero bueno, es su secreto comercial y uno de los principales motivos de su seguridad. Los seres corpóreos no pueden acceder sin que alguien les ponga este hechizo con la frecuencia correcta.

  Pero la cosa es que en este momento somos luz y podemos movernos a la velocidad de la luz en este cristal.

  Te recomiendo no hacerlo porque tropezarte con las cosas a esa velocidad es muy doloroso. Ser de luz evita que sufras da?o real, pero no es agradable."

  A Juan le tomó un par de minutos adaptarse a moverse con normalidad en vez de lo que parecía teletransportarse. La clave era centrarse en caminar, no en moverse.

  No pudo poner mucha atención a su entorno, solo en moverse conscientemente, esquivar a varios seres y seguir a Sisco hasta un mostrador de color azul semitransparente. También era de cristal, pero opaco y se sentía completamente sólido.

  El banquero, algo parecido a un pez rape humanoide con algunas escamas de piedra tosca, desprendía un aura de displicencia casi palpable, y ya tenía listo un formulario de solicitud.

  Sisco y Juan lo revisaron y rellenaron detalladamente, asegurándose de que coincidiera con el contrato que llenaron durante el desayuno.

  Una vez que revisaron todo, se lo entregaron al pez de la lamparita, quien les hizo un gesto para que se sentaran en la sala de espera.

  Las bancas eran similares a los asientos del registro civil, muchos aparatos para sostener distintas morfologías, encajados en una base que le brindaba a todo el conjunto un dise?o unitario y les permitía acoplarse entre sí.

  Pero en este caso la base se parecía a una geoda, si estas pudieran crecer perfectamente idénticas y encajar entre sí a la perfección.

  Cuando Juan se sentó en la silla junto al gancho de Sisco, por fin pudo admirar su entorno.

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